El estado de Internet de las Cosas en Argentina

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El jueves pasado realizamos una conferencia sobre Internet of Things, a la que asistieron 140 personas. La mas grande desde que iniciamos el grupo en 2012. La tendencia de esta industria es evidente. La gente quiere saber de qué se trata.

IoT según el Hype Cycle de Gartner
Perfiles de miembros del Meetup Internet of Things Buenos Aires

En febrero escribí para Telefónica, una nota sobre la situación local de todo esto. Hoy en día algunos problemas persisten pero ciertas oportunidades han aparecido y otras crecen. He conocido mas emprendimientos que han surgido en este último año y estoy muy contento por ello.

Estoy seguro que es una industria que puede seguir creciendo. A pesar de ello, contamos con tres grandes obstáculos.

En primer lugar, continúan las dificultades de acceder al hardware. Los precios son exorbitantes si se quiere producir localmente, con tiempos indefinidos y mucha inseguridad efectiva. Poca liquidez y crédito. Si se trata de importar, es casi imposible. Mucho si necesitas hacerlo en poco tiempo.
A pesar de esto, la importación de componentes no está tan restringida, eso abre una oportunidad pequeña.

El segundo gran problema son las telecomunicaciones. En las ciudades, las frecuencias están cruzadas y totalmente saturadas. Pensar en sistemas con una debilidad comunicacional, puede producir la inseguridad que se supone que IoT evita.
Al mismo tiempo, en el campo existe zonas fuera del alcance de las antenas móviles. Y como nuestro territorio es tan extenso, no es tan fácil generar una buena cobertura.
Hay que trabajar en lograr bandas de comunicación exclusivas para estos dispositivos. Y pensar soluciones específicas para lugares más inhóspitos. ¿Hace falta que los gobiernos se metan en esto? ¿Hace falta un lobby (cual FCC) que empuje hacia una regulación en las frecuencias no reguladas? Son preguntas que aún me hago. ¿Quienes serán los futuros operadores de estas tecnología?

El tercer problema, es mucho más sencillo de resolver. Es un problema de marketing. A las empresas actuales les cuesta ver la oportunidad. So incapaces de encontrar nuevos mercados y se estancan.
Hablo de las viejas industrias que tienen miedo de incorporar cierta tecnología, pero también hablo de nuevos emprendedores que se quedan estancados en su profesión.
Hay que conectar estos dos mundos, y para ello no se necesitan más ingenieros. Se necesitan especialistas en marketing y diseñadores que sepan generar nuevas oportunidades, que se amiguen con la tecnología y se preocupen por darle una vuelta creativa a las necesidades de los clientes.
Muchos de los emprendimientos que conocí necesitan ser asesorados para que sus productos sean diseñados y sean puestos en el mercado y se multiplicarán por mil sus ventas.
Como dijo Jose Luis Carmona, el campo es muy hostil, y un ingeniero de la ciudad no sabe como salir a venderle a un productor rural, no sabe ni siquiera cuales son sus problemas reales. Y es la economía más grande del país. Less Industries se dio cuenta a tiempo y está logrando buenos resultados.

Hay que pensar en qué industrias se puede innovar. Pensar en un producto al consumidor, es muy difícil de que sea rentable. El campo es uno de los grandes jugadores.

Pero también, la crisis energética puede ser una gran oportunidad, y no solo hablo del petrolero o de paneles solares. Existe la capacidad de mezclar varios universos para solucionar el gran problema nacional.
Un ejemplo podría ser la biomasa, que los productores alimenticios podrían elaborar a partir de desechos, o bien la ciudad también podría hacer lo mismo si empieza a separar los residuos orgánicos.
De esta manera, IOT podría ayudar a generar una trazabilidad de los desechos, y medir la generacion energética. Y es solo un ejemplo.

Nuevamente citando a Carmona, no debemos dejar que Internet of Things sea solo un discurso de las grandes empresas. En The Atlantic advierten algunos peligros. Pero hay que ver la oportunidad. Hay mucho que resolver y el mercado que se está abriendo es gigante.
Vamos a estar trabajando para que existan oportunidades de desarrollo e implementación en el mercado local, no podemos permitir que la región se quede afuera de otra industria más. Necesitamos políticas que faciliten su desarrollo y el apoyo de la industria local para que se haga realidad.

Creatividad y productividad

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Ruta
Hace tiempo que no escribo sobre cuestiones personales, pero necesito descargarme y me parece que puede resultarles interesante.

Ayer vi dos películas que me dejaron pensando. Por un lado, la nueva película en la que actúa Ricardo Darín, Delirium. Y por otro, una un poco más antigua, llamada Casino Jack, interpretada por Kevin Spacey (House of Cards).

La primera resultó una película independiente, con un estilo muy Argentino y un guión particular. La historia cuenta la vida de 3 jóvenes que buscan una alternativa laboral. Para ello deciden hacer una película, sin saber cómo hacer una película. Y les sale bastante mal.
En el caso de la película de Spacey, también sale todo bastante mal, pero en este caso se trata de un lobbista del congreso de Estados Unidos, que ambiciona con armar su propio imperio.

El mensaje que envían estas películas, es que la creatividad y la ambición te pueden llevar a la ruina. Sobre todo si engañas a un Estado o matás a una persona. Lo curioso es que a mi me disparó lo contrario.
Será que estoy llegando a mis 30 y me comienzo a plantear qué será de mi en mi siguiente década. A qué me quiero dedicar y cómo voy a afrontar mis próximos obstáculos.

Lo curioso de nuestra realidad social capitalista, y burguesa, es que cuanto mejor nos va, más nos enredamos en cuestiones con las que no queremos lidiar. Más responsabilidades, más de qué preocuparnos, más presión (social, moral, impositiva, estética), y sobre todo, más ambición para seguir con todo esto.

Y lo que yo me estoy preguntando, es cómo hacer más con menos preocupaciones.
En mis últimos 10 años aprendí a ser más productivo gracias al desarrollo de ciertas habilidades sociales. La parte creativa e intelectual se me da naturalmente. Pero el mundo del trabajo de hoy en día le pide a uno ser más estructurado, más productivo y a decir lo que los otros quieren escuchar (y no lo que realmente pensas).

La primer paradoja se da cuando las personas con las que trabajo les encanta que sea estructurado, cuando es algo que cada día tolero menos. La segunda, es que a pesar de que soy mucho más productivo, siento que cada vez hago más cosas que no sirven para nada y hago menos de las que realmente se marca un cambio.

Todo este esfuerzo innecesario se refleja en la pérdida de tiempo personal, pérdida de lucidez y en la disminución de mis posibilidades de hacer mi propio camino.

Soy un defensor de la serendípia, confío más en mi intuición que en mi memoria, porque de hecho me ha traicionado mucho menos cada vez que lo necesité. Y ahora me siento encerrado en este entramado de situaciones en las que uno promete cosas que sabe que no tienen sentido y hace otras, solo pensando en un futuro mejor y en mayor aceptación social. Al mismo tiempo pienso, que estoy llegando a la edad en que si no pego un volantazo, en mi próxima década me voy a cuestionar todo lo que hice. El problema es que no se si irme para la banquina, voltear en 180º o tomar el riesgo de esquivar con mucha presición los próximos obstáculos.

El mundo está bastante loco hoy en día. Eso abre muchas oportunidades, y lo bueno es que tengo habilidades para afrontarlas. Pasé por el mundo de la publicidad, de la producción, de la tecnología, me estoy metiendo mucho en el universo académico, y experimentando la gestión gubernamental y la idiosincrasia política.
No es suficiente. Las películas me dejaron una enseñanza. La creatividad es muy buena, la ambición no. Decido seguir mi instinto, pero siendo honesto conmigo mismo, buscando vivir una vida tranquila y logrando lo mejor para todos.

Cabe aclarar que ser estructurado y productivo no es contrario a ser creativo. Hay que intentar obtener lo mejor sin perder el foco. Andrés Schuschny diferencia dualidad de polaridad, siendo lo segundo una forma de ver complementariamente y la primera como contrarios.

A aquel que decida ser ambicioso, hay que dejarlo pasar. Tarde o temprano aprenderán que decidieron dejar muchas cosas atrás. Para algunos la carrera será más corta que para otros. Pero el secreto es disfrutar el paisaje, la sensación de estar haciendo algo y el esfuerzo personal. Metas, siempre habrá mayores y no llegaremos nunca al final, es un espejismo en el desierto mental y abstracto del hombre.

Les dejo una charla inspiradora de Marcelo Salas (Café Martinez), a quien conocí en un evento, y que me pareció una historia inspiradora.

Y por último, una charla de David Criado, sobre “cómo ser extraordinario”.

¿Qué se comparte en la Economía colaborativa?

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No quiero parecer un negativo ante todo. Ya sabrán que mi posición crítica no está orientada a ser anti-sistema, sino a comprender los procesos y los discursos poco visibles. En palabras de Giorgio Agamben, me gusta hacer una Arqueología de las tendencias actuales, buscar aquellas signaturas, por las cuales las cosas revelan sus cualidades invisibles.

No es la primera vez que me toca hablar de la economía colaborativa. Un largo artículo de Uber saqué hace un mes.
Las cosas se están poniendo complejas y los gobiernos (aquellas instituciones más conservadoras en muchos sentidos, pero que también son innovadoras cuando les conviene) están tomando decisiones drásticas para uno y otro lado.

Lo que cuesta develar, entonces, es el sentido hacia el que se dirige esta moda de la colaboración. ¿Qué cambios están transformando positivamente a la sociedad?¿Quién se beneficia mientras tanto?¿Qué rol están jugando los Gobiernos?

Como todo campo, la lucha de poder es feroz, pero en un ámbito donde el conocimiento y la información que se maneja es escaso, es aún peor.
Digo conocimiento e información por dos razones, y hago hincapié en esto porque supuestamente estamos en la “era del conocimiento y la información” y las TICs son el futuro (por lo menos vienen siendo hace 15 años y no sabemos donde vamos a terminar).
Por un lado, solo un bajo porcentaje de la población sabe qué es “economía colaborativa”, “emprendimiento”, “procomún”, etc, etc. Esto hace que el cambio, en principio, sea para algunos. Además, pareciera que esta nueva moda desvaloriza lo que estaba antes. Es decir, aquellas prácticas fundadas en la colaboración y el intercambio, y que estaban organizadas en torno a otros valores, con o sin internet de por medio.
El segundo lugar crítico, es la información en sí. Retomando a Agamben, el dispositivo-máquina de la economía colaborativa es compartir a costa de esconder otras cosas.
Ni Uber, ni Airbnb, ni los gobiernos, ni las universidades dejaron de lucrar (ya sea económica o políticamente) con ello. Y por ende, la ganancia está en compartir un objeto (generar nuevas mercantilizaciones), por ejemplo la casa o el auto, y no compartir la forma en que ese modelo se crea, o funciona.

Si un gobierno que fomenta la economía colaborativa, no es consciente de la disruptividad social que generan estos modelos, y por lo tanto, segregación, está reproduciendo el modelo capitalista, al mismo tiempo que fomenta el consumismo en nuevas formas. Porque, convengamos, no difiere mucho del modelo original.

¿Cuál es la alternativa? Entre todas las aplicaciones y plataformas que hemos adquirido con las nuevas generaciones tecnológicas, la que veo que está cayendo en desuso es la wiki.
Algunos ya ni recordarán, que las wikis no son solo Wikipedia, sino una plataforma abierta de colaboración mutua y la mejor forma (a mi parecer) de compartir conocimiento.
La gran dificultad de las wikis, es el formato, que tal vez no es el mejor para personas que no están acostumbradas a manejar diferentes interfaces (si se ponen a pensar, las personas comunes solo manipulan interfaces digitales en sus computadoras, smartphones y algún kiosco en la vía pública). Pero más allá de eso, las wikis habían comenzado a usarse para compartir información y disponer del conocimiento en muchos ámbitos. De una forma abierta y comunitaria, todos podían acceder a todo.

Ahora que están de moda los FabLabs y MakerSpaces, que están orientados al “hacer” han dejado de lado el componente del conocimiento que tenían los Medialabs y se dedicaron a la masificación del “hacer”. El Fetiche producido por esos modelos cerrados, olvidaron la importancia de documentar y compartir libremente sus resultados.

Las universidades y los centros de investigación, siguen valiéndose del paradigma científico de los papers y las publicaciones elitistas. Muy pocas investigaciones son difundidas libremente, y estructuran su valor en el mercado científico.

Los gobiernos, lejos de transparentar su metodología, mercantilizan su gestión a costa de la falta de información. El paradigma de Gobierno Abierto se agota en el momento en que no haya más datos que compartir, cuando lo realmente valioso son los procesos de construcción de sentido, en las decisiones que se toman para una ciudad.
Retomando a Agamben, él dice que “la profanación de lo improfanable es la tarea política de la generación que viene”, es decir, devolver a las personas el valor de uso de las cosas. Los datos, hoy en día, son el objeto de mercantilización de la gestión. Saca de discusión la lucha política para que los ciudadanos “compren” de forma deliberada una mejor gestión, sacralizando la información, alejándola del objeto real.

En definitiva, la profanación de la que habla Agamben, no es un proceso del que estemos cerca. Él habla del capitalismo como una religión, en el que se separan las cosas de los hombres, para convertir lo separado en mercancía. El consumo, desde su visión, es la imposibilidad del uso.

Los defensores de la naturaleza, no así los ecologistas que forman parte del mismo paradigma capitalista, tienen razón en que hay que volver a conectarse con lo natural. Pero lo natural en la relación del ser humano con las cosas en si. La abusada frase “vivir el presente” es, en algún sentido señal de esta reconexión entre las cosas y los seres vivientes.
Una verdadera economía colaborativa, sería la que rompe los caminos existentes y abre nuevos al paso del hombre. Estos caminos no están marcados, como las reglas que rigen nuestras sociedades, sino que existen en la potencia-de-ser, en cualquier momento, en cualquier persona.

La ansiedad digital y las futuras tecnologías invisibles

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El surgimiento de la industria tabacalera, como la conocemos hoy fué acompañado desde el origen de la publicidad, la moda y la obsolecencia programada. Una revolución, promovida por la necesidad de generar un consumo constante, sumado al aumento del individualismo y el pensamiento liberal. El cigarrillo fué un ícono, si hablamos de objetos de moda, y se refleja perfectamente en la serie Mad Men.

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Pero en los últimos años, la batalla por el cuidado de la salud y el medio ambiente, la implementación de leyes que limitan los espacios para fumadores, y un decaimiento en la imagen del fumador, han desplazado el cigarrillo como objeto de placer y de status. Incluso con el surgimiento del cigarrillo electrónico, la batalla parece perdida. Ahora las tabacaleras van por la marihuana, pero esa es otra conversación.

El placer, y el depósito de la ansiedad, el status y la moda ha pasado a manos de la industria tecnológica. Apple lo entendió muy pronto, y desde el lanzamiento del iPod ha revolucionado los estándares liberales hasta llegar al iPhone.

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El iPhone, y el resto de los teléfonos similares que han lanzado el resto de las compañías, son el objeto digital más revolucionario. No por su tecnología y capacidad de procesamiento, sino porque es el elemento que reemplaza al cigarrillo en nuestras manos.

La ansiedad y la costumbre del ser humano de “hacer algo” con nuestras manos en todo momento, ha sido bien interpretada por la industria tecnológica. Esa obsesión, mal entendida como una distracción mental, forma parte de nuestra naturaleza más antigüa. Desde que el hombre tiene razón de ser, ha creado herramientas con sus manos.

Pero algo que el iphone no reemplaza, es la ansiedad oral. Me pregunto cómo las personas encuentran una vía para derivarla, acá dicen que está aumentando la obesidad.

Pero la pregunta que debemos hacernos tiene que ver con el futuro. A corto plazo, lo que se discute son los wereables, o en un principio, los relojes inteligentes.
Por lo menos, por parte de Apple es un rumor, y otras compañías se adelantaron a lanzar su modelo. Pero la empresa de la manzana sabe que su eje sigue siendo el iphone, ya que todo se relaciona con él, generando un ecosistema dependiente, pero entendiendo que es una relación legítima con el dispositivo. En cambio, aquellos que solo ven un producto diversificación, generando nueva demanda, encuentra que sus ventas no son satisfechas como se esperaba.

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Un futuro más lejano, nos lleva a pensar en la tecnología ubicua. Adam Greenfield, y otros tecnólogos han escrito mucho sobre estas tecnologías, que gracias al avance como las pantañlas oLED y dispositivos sensoriales, se pasará a tener tecnología sobre cualquier superficie.

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¿Qué pasará con los valores en los que el cigarrillo y el smartphone ocupo su lugar? Somos seres manuales (o digitales) y no podemos escapar de eso. Ni siquiera Google con Glass ha sido capaz de desplazar el control de nuestras manos hacia nuestros ojos.
La moda y el status es valorado en un reloj, pero hay mucho más que un smartphone representa. Probablemente un pequeño dispositivo que controle a estas superficies tecnológicas, sea la solución. Pero las nuevas tecnologías no dejarán de estar al alcance de nuestra mano…

Resolviendo los problemas de Uber

Shanghai, China. February 13th 2014. Driver images for UBER marketing content.

Shanghai, China. February 13th 2014. Driver images for UBER marketing content.

El título no es más que para llamar la atención, porque para resolver los problemas, debemos pensar ¿Problemas para quién?
Para los que no saben de que hablo, Uber es una compañía que brinda un servicio de transporte privado con chofer basado en el uso de una aplicación móvil.

El problema que encara hoy la empresa, es que en Londres, los taxistas se pusieron muy enojados y se convirtió en un problema público. Pero el problema que tiene en Londres, podría tenerlo en muchas otras ciudades, como España, donde un transporte de ese tipo está muy regulado. Es decir, los taxis pagan una licencia muy cara para funcionar, y ahora una startup viene a pisarles los talones ofreciendo otros precios y totalmente desregularizado.
Los medios de transporte, en la historia de las ciudades, han ido evolucionando. El colectivo como lo conocemos hoy, pasó por muchas etapas, y en algunos países conviven viejas formas con otras más modernas, como en Chile o Colombia.

Uber puede ser muy innovadora (y problemática para el status quo), o solo un agregado tecnológico. En Argentina, estamos muy acostumbrados a los remises, y el uso de los mismos no difiere mucho de Uber, solo cambia el soporte digital en la forma en que se pide el mismo. De hecho, hace varios años, cuando la inseguridad llegó a un nivel muy alto, comenzaron a aparecer servicios de Radio Taxi, donde el taxi podría ser pedido por teléfono. El sistema también es similar.

El servicio de Uber, permite nuevas formas de acercar un servicio a la gente. Incorpora nuevas tecnologías que permite mejorar el servicio, ofrecer mejor calidad de atención. Pero viéndolo desde otras perspectivas, hay un par de cosas que me preocupan y se habla poco.

Desde un aspecto económico, Uber es monopólico, definiendo una tarifa única, y que a través de su masificación no permite el desarrollo de otras compañías iguales en la misma ciudad, y compitiendo con el servicio de transporte público como son los taxis. Como muchas compañías tecnológicas, su modelo de negocios se beneficia de los agujeros legales evitando pagar los impuestos correspondientes.

Desde una perspectiva política, Uber es autoritario. Por la misma razón de que define sus tarifas, gana beneficios de su explotación y no permite una injerencia del estado acerca del valor de su servicio.

Desde un aspecto social, Uber es excluyente, ya que puede acceder solo aquel que tiene un smartphone, sabe usarlo, tiene conectividad y tiene la oportunidad de ser parte del conjunto social que pueda acceder a los usos y costumbres de esa tecnología.

Por otro lado, Uber está en pleno desarrollo. Y es por eso que se debate en la arena política y pública si el servicio debe ser regulado. Un estado que no responde a esa demanda emergente es un estado negligente. Por dos razones, primero es una amenaza contra lo público, y es una amenaza contra la seguridad.
De hecho el segundo ítem, disparó otra crisis hace unos meses, donde el servicio comenzó a cobrar un extra por “mayor seguridad”.

¿Uber es bueno o malo? Depende para quién, en qué contexto, bajo qué reglas y normas. Desde un análisis socio-técnico, se podría analizar un posible funcionamiento de la empresa según condiciones actuales de la aceptación tecnológica, el déficit en movilidad que sufren las ciudades y el hype de las aplicaciones móviles. La lógica indicaría que en los países centrales, funciona mejor por su adaptación al uso de aplicaciones móviles, etc. Pero lo de Londres nos muestra que no.
De hecho, en Argentina sería muy aceptado! Salvo porque el 60% de la población o más, no lo usaría. Ni sería negocio para su central americana por los problemas de cambio y exportación de divisas. Ni hablar de que hay muchos taxis y la “institución” del taxi brinda la suficiente confianza (cosa que en NYC no pasa).

Creo que falta mucho pensamiento crítico, tanto para la empresa, para los que opinan a favor y en contra, y para los gobiernos, que tienen que decidir acerca de la realidad. ¿Es realmente Uber un servicio revolucionario?¿O solo aprovecha un momentum?
Yo estoy totalmente a favor de lo colaborativo. Pero la colaboración, tiene que ser en términos de inclusión, cooperación y en favor de lo público. De otra manera, estamos frente a un aprovechamiento de los vacíos legales, para generar un beneficio privado.

[Actualización]
Hoy veo esta nota, en donde se comenta un problema más, el bajo precio que se le paga a los conductores y ya se habla de una gremialización.
Pero no quiero resaltar el problema, sino resaltar que lo que está pasando con Uber, es que están saltando conflictos localizados a partir de esta empresa. Eso es bueno, porque se pone en discusión cuestiones que le preocupan a la gente.
Lo cual, no quiere decir, que Uber tenga éxito al acabar todo esto. Pero si permite “repensar” las cosas que están dadas. Y ahí, puede ser bastante innovador.

[Actualización 2]
No puedo dejar de actualizar esta nota. Es que la cosa se va poniendo interesante, ya que acabo de encontrar esta nota que habla de las licencias de taxi como inversión, y que Uber viene a romper todas las reglas.
Uno puede pensar “Genial! Eso permite democratizar los servicios!”, pero no. Hay muchas familias que viven de eso, que han construido su economía y que probablemente no sea la mejor, pero les da seguridad, sobre todo a muchos inmigrantes. Depende el caso, no siempre sucede esto.

Esto nos demuestra, una vez más, que la innovación deja atrás a una parte de la sociedad, en general minorías. Se convierte en algo excluyente, y el bien para todos puede ser un mal para pocos, pero que siempre nivela para arriba.
Lo cierto, es que también cuando Uber se vuelva una constante, los abusos que se llevan a cabo hoy en el universo de los taxis, se van a trasladar a las nuevas formas de conducción.

[Actualización 3]
Hablando de Sharing Economy, encontré esta interesante explicación de por qué es una reproducción neoinstitucionalista/solucionista y que los problemas siguen sin resolverse.

[Actualización 4]
No puedo dejar de actualizar este artículo. Porque encontré esta noticia donde Helsinki planea que para dentro de 10 años sus ciudadanos no tengan que comprarse un auto. Es decir que habrá servicios de transporte público con todas las necesidades. Y si uno se pone a pensar, es similar a la propuesta de Uber, pero público, con un bajo costo.
Y como verán, las ciudades también tienen sus respuestas frente a las nuevas oportunidades, dejando de lado el lucro que puede tener una empresa privada.

[Actualización 5]
Esto sigue, la noticia de hoy es que Seoul, una de las ciudades que más apuesta a las ciudades inteligentes y a la economía creativa, declaró que va a perseguir a las aplicaciones como Uber.

[Actualización 6]
Ahora sí se puso interesante, en la ciudad Australiana de Victoria el Gobierno local llegó a un acuerdo con Airbnb para poder dar alojamiento para las situaciones de emergencia. Lo “colaborativo” empieza a tener sentido.

Save the Lab

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Este es un post de reivindicación. Corto, pero preciso.
Hace unas semanas, salió a la luz la posible maniobra que estaría negociando la alcaldía de Madrid para dejarle el hermoso edificio de las Serrerías Belgas de MediaLab Prado, a Telefónica.

El MediaLab originó todo lo que soy. Fué inspiración para Estado Lateral, donde trabajé durante algunos años y que me permitió viajar a conocer cuando aún estaban en Plaza de las Letras. También intentamos hacer algo parecido en Buenos Aires con Enrique Avogadro, que no funcionó, pero cada uno siguió con su búsqueda (Ahora el CMD tiene su laboratorio, lejano a MediaLab, pero inspirado en sus orígenes).

El MediaLab-Prado, gracias a la difusión de sus contenidos y de sus encuentros por streaming, me permitió conocer a gente maravillosa, que inspiró a mi carrera, como Juan Freire o a José Luis de Vicente, por nombrar algunos. Me hizo conocer el concepto de pro-común, del que tanto escribí en mi blog. Me hizo realizar CityCamp, y crear Chiripa. El Medialab-Prado, es el espacio de innovación más representativo para el mundo hispano.

Defender los espacios públicos innovadores, es defender el futuro.
Algunos argumentan que la gestión privada igual es buena, pero no es igual de buena. Porque no se trata solo de los contenidos que se desarrollan, sino de los valores que se transmiten. Y un lugar abierto, como lo es ahora, es vital y necesario.

Para entender qué está pasando con el laboratorio, visiten savethelab.org

Gentrificación vs. Innovación

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Parecía que la promesa de un desarrollo descentralizado de industrias del conocimiento parecía darle la oportunidad a las ciudades de ser los nuevos polos de crecimiento, una tercera revolución industrial. Esta idea nada nueva lleva, como ya lo describió schumpeter, a una destruccion creativa. Un proceso, mediante una competencia enmascarada de crecimiento, destruye a las industrias establecidas. Este estado innovador, dio nacimiento a los conceptos evolucionistas de la economía. Y es el paralelo, en términos urbanos, de la gentrificación.

Parecería que las “clases creativas” que definió richard florida le dan nueva vida a las ciudades, nuevas oportunidades y emprendimientos, nuevos servicios que ofrecer, etc. A la vez, esa revalorización por lo “auténtico”, duramente criticado por Sharin Zukin, y ya desmitificado hace algunas décadas por Garcia Canclini. El folklorismo no existe, pasear por la feria de San Telmo o ir al festival de Cosquín, íconos de la hipocrecía urbana.

“La gentrificación es una cuestión de ética”, nos recuerda Peter Marcuse. Todos estamos de acuerdo en que está mal, desde una postura social. Pero desde una perspectiva individual o con enfoque orientado a la productividad, no.

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En la misma semana que se realiza el World Urban Forum en Medellín, donde se discute acerca del destino de las ciudades, dos notas me llamaron la atención.
En la primera, Londres, tanto como Nueva York, ha sido una ciudad proclamada por la creatividad, el diseño y otras industrias. Pero este crecimiento hizo que el “efecto de lugar” (Bourdieu, 1999) que causo el aumento del precio del suelo, desplazara a esta clase creativa emergente hacia los suburbios y solo los sectores mas ricos puedan pagar el costo de vivir en la ciudad. Debemos saber, que además, el precio del transporte público en londres es excesivamente caro. Pueden ver la comparación que hice en su momento entre salario mínimo y costo del pasaje de subte.

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La segunda nota tiene lugar en San Francisco, hito del emprendimiento tecnológico. Esa ciudad que todos quieren copiar, el valle y sus alrededores vió nacer las industrias de tecnología más importantes del Siglo XX. Estas industrias comenzaron a comprar terrenos y construir sus propios “campus” con transporte propio, internet libre y otras facilidades que las hace espacios perfectos.
Claro, que la perfección es solo para los que se benefician de ese sistema. Porque esa vieja imagen de San Francisco, está siendo destruida por esos ecosistemas tecnológicos, y algunos vecinos están muy disgustados con que grandes inversores sigan defendiendo ese modelo de desarrollo urbano. San Francisco se convirtió en la “ciudad dormitorio” de quienes trabajan en Silicon Valley. Y como los sueldos de ingenieros y otros empleados altamente calificados son desproporcionadamente altos, los precios de las viviendas también han subido, a un nivel que ni siquiera son accesibles para la media de la población. Como consecuencia, existen muchos departamentos vacíos.

Mientas tanto, veo ciudades como Boston entrando en ese circuito, Barcelona es otro ojo de tormenta. Buenos Aires, Santiago, Bogotá van encontrando la forma de atraer esos desarrollos, pero pareciera que la idiosincracia, la política y la desigualdad que sigue existiendo, no permite que estas situaciones se desarrollen tan rápido.

Aún así cabe preguntarse, ¿se acabó la utopía? ¿Son estos modelos los que queremos seguir para nuestras ciudades?
Jeremiah Moss habla de hyper-gentrificación para conceptualizar este proceso de expulsión acelerada y sistemática hacia la que las grandes ciudades se dirigen.

Lo que se debate, es como generar ciudades más inclusivas. Pero me parece que la dificultad está en tener un modelo de desarrollo que sea inclusivo, porque pareciera que una ciudad inclusiva no puede ser altamente productiva, y viceversa.
La tendencia ecologísta va en camino, aunque lento, a solapar los aspectos medioambientales con los aspectos económicos, podría darnos algunas respuestas. Pero la equidad sigue siendo algo que parece imposible. ¿Será que el medio ambiente es algo que nos afecta a todos pero la desigualdad puede segregarse?

¿Cómo podemos promover ciertas industrias sin generar segregación?¿Acaso las industrias del conocimiento son más voraces que las del capitalismo tradicional?

Yo creo que la educación es un buen camino, pero un camino largo y a juzgar por las andanzas de la política local, el camino es muy sinuoso. Talvez, el apoyo al desarrollo abierto, descentralizado y participativo. Con instituciones fuertes que permitan el crecimiento sostenido de nuevas iniciativas, es la clave.

Imagen: Spiegel.de

El auge de las aplicaciones de proximidad

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Hiperlocalismo, es un término comúnmente utilizado para el mundo de las noticias, pero se refiere a información orientada hacia adentro de una propia comunidad, con foco a sus residentes. Para el mundo del urbanismo, se trata de conectar a los residentes de una misma comunidad, en torno a diferentes prácticas, que van desde la planificación colaborativa, hasta la intención de revalorizar sectores a partir de la actividad comunitaria. Un claro ejemplo del uso de este concepto es el proyecto Neighborland.

Neighborland

Cuando idee comu.la, el servicio de ayuda para vecinos, sabia que el hiperlocalismo era lo que venía en el mundo digital.
Las redes sociales hicieron el cambio. Hace 8 años que existe la aplicación que revolucionó internet, Twitter. Motivado por el aumento de uso de los smartphones, twitter se convirtió en una forma facil de comunicarse con personas de intereses similares.

Hoy esa barrera ya está lejana, y dejamos atrás a las personas que teníamos cerca.
Evidentemente hoy existe una preocupación por aquellos que están aún más cerca, y esto se ve potenciado por nuevas tecnologias que facilitan la conexión directa, como es el ibeacon o nuevos protocolos de bluetooth LE, algo que Apple adelantó con el AirDrop.
Pero también nacen nuevas aplicaciones orientadad al hiper-localismo. Tinder, esa famosa aplicación para calificar a las personas cercanas por si son bonitas o no. Cloak, permite evitar en la ciudad a las personas que están cerca tuyo. Y ahora fireChat hace una nueva propuesta de hablar con las personas cercanas a través de Bluetooth o redes wifi.

Esta última app me parece especialmente innovadora, ya que considerando las dificultades que están surgiendo en algunos países para acceder a internet, como en Turkia y Venezuela, una alternativa que se maneje como red de nodos y de forma anónima (aunque no totalmente segura) es especialmente oportuna.

Por otro lado, la forma de apropiarse de la ciudad con estas aplicaciones, marca una nueva etapa en el urbanismo digital, agregando esa nueva forma de conexión descentralizada que hacía falta. Serendipitor, es una aplicación que tiene sus años, desarrollada por el investigador Mark Shepard e invita a “navegar” el barrio o la ciudad con diferentes objetivos. La misma se basa en conceptos de los situacionistas de los años 70.

serendipitor

Por último, el sitio Nextdoor.com, el cual fué inspiración para Comu.la es una red social que excluye aquellos que no están cerca para generar privacidad hacia dentro del barrio.
La privacidad es aún una materia adeudada en estas nuevas aplicaciones, ya que los dispositivos son fáciles de rastrear y cuando se trata de personas en cercanía, no falta aquél que quiere tomar provecho. Por ejemplo, para el caso de nextdoor, en el que uno provee información de su propia casa, los límites para definir el barrio son confusos, y pareciera que está pensado para barrios cerrados o ciudades-jardín.

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