Nuevos rumbos

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Me aguanté mucho tiempo de escribir sobre mi futuro. Pero recién hoy tuve la confirmación. Fue un gran proceso de preparación, de trabajo, tanto en lo interno como en el hacer.
Recibí mucho apoyo, de gente que me cree capaz y gente que me quiere. Y eso, hace tiempo no lo sentía. Talvez porque soy introvertido y no me gusta contar algunas cosas por adelantado.
A veces cuando uno se esfuerza mucho pierde la visión y se siente ofuscado. Pero yo estaba muy convencido y la búsqueda dio resultados.

En febrero cursé mis últimos seminarios de la Maestría, e inmediatamente me puse a preparar el examen de ingles IELTS. Lo sufrí bastante, los idiomas me gustan pero la gramática me cuesta horrores.
Por esos meses empecé a buscar becas y puestos para aplicar. Apliqué a dos becas de doctorado y a tres posiciones, en diferentes países.
Mudarse no es facil, y aplicar tampoco. Entre la falta de correlatividad, el idioma y la dependencia de la videoconferencia, hace que todo sea muy poco controlable. Y por lo tanto las oportunidades bajen. Escribí muchas cartas y propuestas de investigación. Aprendí mucho, pero me sorprendí de mi mismo cuando vi la versatilidad que tenía. Al mismo tiempo me daba mucha inseguridad no ser Urbanista, Ingeniero, etc.

Los diseñadores a veces somos menospreciados. Y el contexto de aplicación es poco claro. Pero a medida que iban pasando las instancias iba entendiendo cual era mi lugar.

Un día me confirmaron que había sido pre-seleccionado para ir a exponer mi propuesta. Una propuesta de investigación que tenía poco claro. Era para estudiar tres años, algo que había pensado en pocos días.
Seguí estudiando. Gracias a Mara y Manu, me sugirieron textos que me ayudaron mucho a orientarme.

En el medio, nos unimos civilmente con Lu, porque si queríamos irnos los cuatro (con Batman y Newton, claro) teníamos que dar un pasito más. En tres días hicimos el trámite, firmamos, hicimos una pequeña reunión a la noche. Tenía que seguir con mi presentación, no había tiempo para grandes festejos.

Hace dos semanas, estaba a cinco días de viajar, y tenía una presentación descontrolada, no tenía punto. Era un rejunte de teorías, autores, ejemplos e ideas todas desordenadas. Rápidamente tuve que aprender cómo se exponía una propuesta de PhD. Busqué videos y textos.
Aburridos, no me gustaba nada. La gente académica pareciera que se olvida que la estética es parte de la filosofía.

Ahí fué cuando entendí todo. Había algo que podía unirlo todo, generar una presentación coherente, atractiva, con la que me sienta cómodo, con un tema que realmente me apasiona y con un objetivo concreto.

Diseño, era la palabra. El diseño permite contar historias, pero historias que tienen un objetivo concreto. También permite describir, comprender, expresar, transmitir deseos y pensamientos en un solo movimiento.

Así que fui a Lisboa, rodeado de personas de todo el mundo (literalmente, había gente de Colombia, Ecuador, India, Pakistan, Kazajistán, España, Ucrania, Rusia, Irán, y otros que no me acuerdo) que se habían especializado en Ciencias de la Computación, que hablaban de aplicaciones móviles, BigData y SmartCities. Fue una experiencia realmente interesante.

Y yo tenía una presentación, que en su primer slide decía “DATA IS BORING”. Pero que servía para romper el hielo, para decir “pienso diferente” (Hola Steve).

Hoy aterricé en Buenos Aires y recibí la grata noticia de que me habían aceptado. Que en casi 80 días tengo que estar en mi próxima casa, en la costa mediterránea, que durante los próximos 3 años será el eje de mi vida.
Evidentemente, el diseño tiene mucho que aportar a otras disciplinas. Mi investigación va a ser justamente desarrollar al diseño como metodología para la investigación.

Si todo sale bien, como viene siendo hasta ahora (de una forma muy misteriosa, por cierto), saldré en mis 32 años con un título de doctor debajo del brazo, y un acento valenciano.

Aún tengo mucho mucho que hacer. Pero la emoción es grande y eso ayuda a tener buena energía.

Gracias a Boyd Cohen, Pilar Conesa, Guillermo Tella y Cristina Cravino, que me ayudaron con las aplicaciones. Y gracias a Mara Balestrini y Manu Fernandez por sus comentarios y aportes. Gracias a Carlos Granell, por el apoyo y por creer en mi. Gracias a Martín Villar por el apoyo y bancarme los días que no estuve en el caos laboral. Y Gracias a Lu, por todo el apoyo.

Intercambiando experiencias

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Centro Cívico GCBA Foster

Hace mucho que no escribo y rara vez hablé sobre lo que hago en mi trabajo con el GCBA. Esta semana es especial.
El lunes comenzamos en las nuevas oficinas, ya saben, en el edificio que diseñó Foster. Pasamos de sentirnos en una municipalidad a trabajar en Google… bueno, tanto no. Pero uno se emociona cuando es todo nuevo y moderno.

Por otro lado, hoy terminamos la tercer reunión de trabajo sobre Movilidad Sustentable. En estas reuniones juntamos a equipos técnicos de ciudades a charlar y debatir sobre sus áreas de trabajo.
Movilidad es una de las áreas con las que más estamos trabajando.
Cuando empezamos con el Programa, yo arranqué a mover este tema, empecé a hablar con Rosario y Mar del Plata, y en pocos días acordamos una primer reunión. Viajamos a Mar del Plata y visitamos el trabajo que había hecho la gente de la municipalidad con el estudio Gehl Architects.

Si bien hay otros temas que abordamos en los encuentros que hacemos, las de movilidad tienen un halo especial. Estas reuniones son mi niño mimado. Cada vez encuentro cosas súper interesantes para aprender.
Hoy, por ejemplo, fuimos a La Plata a conocer el trabajo de tránsito y estacionamiento medido. Lo sorprendente es que la tarea depende de un área de modernización, y por ello, es que la colaboración con el centro de monitoreo de seguridad está integrada. Además, implementaron tempranamente el pago de estacionamiento medido por SMS.
Ejemplos son miles, pero es evidente que no hay una forma de hacer las cosas, y que la multidisciplinaridad en las políticas públicas determinan mucho las decisiones y el rumbo en que las cosas se están implementando.

Y algo que me parece destacable y he observado detenidamente, los programas y la idiosincracia de las personas que lo llevan a cabo tienen mucho que ver. Sin caer en una mirada neo-institucionalista, creo que estos encuentros dejan ver que detrás de los cambios hay personas que hacen su trabajo. Profesionales que están convencido que lo que hacen es importante.

Eso me trajo un poco de entusiasmo, algo que últimamente el mundo gubernamental no me estaba dejando.

Hay gente que cree en lo que hace, y es capaz de saltarse todas las barreras políticas, para cruzar un país tan grande como el nuestro para contar todo lo que le salió mal, y para preguntar cómo hizo el otro para resolver algún problema. Esa humildad la he visto en equipos de trabajo todo este año, de casi todas las provincias del país, de las grandes ciudades y de las localidades más chicas.
Son los que, en definitiva, trabajan para el pueblo. Y sobreviven a las gestiones.

Así que hoy, me voy a dormir con algo de tranquilidad, en que nuestro trabajo, de unir fuerzas, está sirviendo para que estas personas entren en contacto y potencien su dedicación. Al mismo tiempo, todos han expresado gratitud al formar estos encuentros. No es lo mismo que un seminario, donde todos hacen un show sobre su trabajo. Acá hablamos todos de igual a igual y mostramos los conflictos que nos encontramos y cómo los resolvemos. Es algo único, y necesario, porque a pesar de la responsabilidad, uno se encuentra bastante solo en el día a día…

Si quieren, pueden ver los informes que hicimos de las primeras reuniones.

¿Por qué existen las smartcities?

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Estuve leyendo las notas de Manu Fernandez sobre su tesis de doctorad, al repasar tantas citas y artículos interesantes, me saltó la pregunta. ¿Por qué todos intentamos entender qué es lo que ofrece una SmartCity? ¿Qué es lo que esperamos? ¿Por qué nadie analiza, más allá de los discursos corporativos, qué es lo que le da cabida a este concepto? ¿Y por qué lo seguimos sosteniendo?

Es que de repente lo entendí. Recordé la última charla que fuí a ver de Bruno Latour llamada “Si nunca fuimos modernos ¿qué nos pasó?” (pueden verla aquí).
Latour argumenta que la modernidad, tiene detrás de su discurso, una capacidad de escindir entre creencia y pragmatismo. Él dice que las religiones, al no poder resolver sus conflictos, los pone en suspensión, derivando sus características a la política.

Así es que vemos que los políticos, para nuestra modernidad, son aquellos que están más cerca de lo divino, con capacidad de hacer cualquier cosa, o por lo menos prometer cualquier cosa.

A su vez, en la calidad utópica de la modernidad, siempre estamos mirando hacia afuera, hay alguien que nos juzga si somos modernos o no. Sin tener ningún sentido, la carrera del progreso, nos lleva a buscar siempre un nivel más arriba, sin dar cuenta del costo que eso nos hace pagar.

En definitiva, esa descripción de la modernidad, es exactamente lo que la Smartcity representa. La modernidad es un concepto vacío, nadie sabe exactamente qué es, ni qué condiciones cumple, se transforma todo el tiempo. Es por eso, que la carrera es infinita, y es justificación para todo.

Discutimos entre los que estamos en el tema, tratando de definir un concepto de SmartCity, nos convencemos de que el ciudadano es lo más importante, y lo repetimos hasta el hartazgo. Porque no tenemos otra cosa sobra la que discutir.

Si queremos entender de por qué una SmartCity es una moda, hay que entenderlo como un hecho de la modernidad. Pero que además, cumple la utopía más cercana al “cielo” del progreso. Es lo más cercano a lo que llegamos de aquellas ideas de la Exposición Universal de Nueva York, o la ciudad futurística de Epcot Center que ideó Walt Disney.

Estamos tan cerca, que hay defensores de la Inteligencia Artificial, buscando las soluciones más alocadas, y justificándolas como si fuesen una realidad.

No, no es una realidad. Si bien es técnicamente posible que nos reemplacen robots de todo tipo, no quiere decir que sea humanamente posible. Y eso nos va a llevar a un conflicto.

Cuando la modernidad llegue muy cerca de la utopía que busca, vamos a estar en problemas. No por una razón pragmática, sino porque sencillamente el caos va a inundar las ideas de los hombres.
Por cierto, Latour argumenta que la única salida de esta modernidad, es el pragmatismo absoluto. Discusión que no me interesa abordar.

La pregunta es, ¿Podemos hacer algo para evitar seguir con esta modernidad a ciegas?

El estado de Internet de las Cosas en Argentina

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El jueves pasado realizamos una conferencia sobre Internet of Things, a la que asistieron 140 personas. La mas grande desde que iniciamos el grupo en 2012. La tendencia de esta industria es evidente. La gente quiere saber de qué se trata.

IoT según el Hype Cycle de Gartner
Perfiles de miembros del Meetup Internet of Things Buenos Aires

En febrero escribí para Telefónica, una nota sobre la situación local de todo esto. Hoy en día algunos problemas persisten pero ciertas oportunidades han aparecido y otras crecen. He conocido mas emprendimientos que han surgido en este último año y estoy muy contento por ello.

Estoy seguro que es una industria que puede seguir creciendo. A pesar de ello, contamos con tres grandes obstáculos.

En primer lugar, continúan las dificultades de acceder al hardware. Los precios son exorbitantes si se quiere producir localmente, con tiempos indefinidos y mucha inseguridad efectiva. Poca liquidez y crédito. Si se trata de importar, es casi imposible. Mucho si necesitas hacerlo en poco tiempo.
A pesar de esto, la importación de componentes no está tan restringida, eso abre una oportunidad pequeña.

El segundo gran problema son las telecomunicaciones. En las ciudades, las frecuencias están cruzadas y totalmente saturadas. Pensar en sistemas con una debilidad comunicacional, puede producir la inseguridad que se supone que IoT evita.
Al mismo tiempo, en el campo existe zonas fuera del alcance de las antenas móviles. Y como nuestro territorio es tan extenso, no es tan fácil generar una buena cobertura.
Hay que trabajar en lograr bandas de comunicación exclusivas para estos dispositivos. Y pensar soluciones específicas para lugares más inhóspitos. ¿Hace falta que los gobiernos se metan en esto? ¿Hace falta un lobby (cual FCC) que empuje hacia una regulación en las frecuencias no reguladas? Son preguntas que aún me hago. ¿Quienes serán los futuros operadores de estas tecnología?

El tercer problema, es mucho más sencillo de resolver. Es un problema de marketing. A las empresas actuales les cuesta ver la oportunidad. So incapaces de encontrar nuevos mercados y se estancan.
Hablo de las viejas industrias que tienen miedo de incorporar cierta tecnología, pero también hablo de nuevos emprendedores que se quedan estancados en su profesión.
Hay que conectar estos dos mundos, y para ello no se necesitan más ingenieros. Se necesitan especialistas en marketing y diseñadores que sepan generar nuevas oportunidades, que se amiguen con la tecnología y se preocupen por darle una vuelta creativa a las necesidades de los clientes.
Muchos de los emprendimientos que conocí necesitan ser asesorados para que sus productos sean diseñados y sean puestos en el mercado y se multiplicarán por mil sus ventas.
Como dijo Jose Luis Carmona, el campo es muy hostil, y un ingeniero de la ciudad no sabe como salir a venderle a un productor rural, no sabe ni siquiera cuales son sus problemas reales. Y es la economía más grande del país. Less Industries se dio cuenta a tiempo y está logrando buenos resultados.

Hay que pensar en qué industrias se puede innovar. Pensar en un producto al consumidor, es muy difícil de que sea rentable. El campo es uno de los grandes jugadores.

Pero también, la crisis energética puede ser una gran oportunidad, y no solo hablo del petrolero o de paneles solares. Existe la capacidad de mezclar varios universos para solucionar el gran problema nacional.
Un ejemplo podría ser la biomasa, que los productores alimenticios podrían elaborar a partir de desechos, o bien la ciudad también podría hacer lo mismo si empieza a separar los residuos orgánicos.
De esta manera, IOT podría ayudar a generar una trazabilidad de los desechos, y medir la generacion energética. Y es solo un ejemplo.

Nuevamente citando a Carmona, no debemos dejar que Internet of Things sea solo un discurso de las grandes empresas. En The Atlantic advierten algunos peligros. Pero hay que ver la oportunidad. Hay mucho que resolver y el mercado que se está abriendo es gigante.
Vamos a estar trabajando para que existan oportunidades de desarrollo e implementación en el mercado local, no podemos permitir que la región se quede afuera de otra industria más. Necesitamos políticas que faciliten su desarrollo y el apoyo de la industria local para que se haga realidad.

Creatividad y productividad

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Ruta
Hace tiempo que no escribo sobre cuestiones personales, pero necesito descargarme y me parece que puede resultarles interesante.

Ayer vi dos películas que me dejaron pensando. Por un lado, la nueva película en la que actúa Ricardo Darín, Delirium. Y por otro, una un poco más antigua, llamada Casino Jack, interpretada por Kevin Spacey (House of Cards).

La primera resultó una película independiente, con un estilo muy Argentino y un guión particular. La historia cuenta la vida de 3 jóvenes que buscan una alternativa laboral. Para ello deciden hacer una película, sin saber cómo hacer una película. Y les sale bastante mal.
En el caso de la película de Spacey, también sale todo bastante mal, pero en este caso se trata de un lobbista del congreso de Estados Unidos, que ambiciona con armar su propio imperio.

El mensaje que envían estas películas, es que la creatividad y la ambición te pueden llevar a la ruina. Sobre todo si engañas a un Estado o matás a una persona. Lo curioso es que a mi me disparó lo contrario.
Será que estoy llegando a mis 30 y me comienzo a plantear qué será de mi en mi siguiente década. A qué me quiero dedicar y cómo voy a afrontar mis próximos obstáculos.

Lo curioso de nuestra realidad social capitalista, y burguesa, es que cuanto mejor nos va, más nos enredamos en cuestiones con las que no queremos lidiar. Más responsabilidades, más de qué preocuparnos, más presión (social, moral, impositiva, estética), y sobre todo, más ambición para seguir con todo esto.

Y lo que yo me estoy preguntando, es cómo hacer más con menos preocupaciones.
En mis últimos 10 años aprendí a ser más productivo gracias al desarrollo de ciertas habilidades sociales. La parte creativa e intelectual se me da naturalmente. Pero el mundo del trabajo de hoy en día le pide a uno ser más estructurado, más productivo y a decir lo que los otros quieren escuchar (y no lo que realmente pensas).

La primer paradoja se da cuando las personas con las que trabajo les encanta que sea estructurado, cuando es algo que cada día tolero menos. La segunda, es que a pesar de que soy mucho más productivo, siento que cada vez hago más cosas que no sirven para nada y hago menos de las que realmente se marca un cambio.

Todo este esfuerzo innecesario se refleja en la pérdida de tiempo personal, pérdida de lucidez y en la disminución de mis posibilidades de hacer mi propio camino.

Soy un defensor de la serendípia, confío más en mi intuición que en mi memoria, porque de hecho me ha traicionado mucho menos cada vez que lo necesité. Y ahora me siento encerrado en este entramado de situaciones en las que uno promete cosas que sabe que no tienen sentido y hace otras, solo pensando en un futuro mejor y en mayor aceptación social. Al mismo tiempo pienso, que estoy llegando a la edad en que si no pego un volantazo, en mi próxima década me voy a cuestionar todo lo que hice. El problema es que no se si irme para la banquina, voltear en 180º o tomar el riesgo de esquivar con mucha presición los próximos obstáculos.

El mundo está bastante loco hoy en día. Eso abre muchas oportunidades, y lo bueno es que tengo habilidades para afrontarlas. Pasé por el mundo de la publicidad, de la producción, de la tecnología, me estoy metiendo mucho en el universo académico, y experimentando la gestión gubernamental y la idiosincrasia política.
No es suficiente. Las películas me dejaron una enseñanza. La creatividad es muy buena, la ambición no. Decido seguir mi instinto, pero siendo honesto conmigo mismo, buscando vivir una vida tranquila y logrando lo mejor para todos.

Cabe aclarar que ser estructurado y productivo no es contrario a ser creativo. Hay que intentar obtener lo mejor sin perder el foco. Andrés Schuschny diferencia dualidad de polaridad, siendo lo segundo una forma de ver complementariamente y la primera como contrarios.

A aquel que decida ser ambicioso, hay que dejarlo pasar. Tarde o temprano aprenderán que decidieron dejar muchas cosas atrás. Para algunos la carrera será más corta que para otros. Pero el secreto es disfrutar el paisaje, la sensación de estar haciendo algo y el esfuerzo personal. Metas, siempre habrá mayores y no llegaremos nunca al final, es un espejismo en el desierto mental y abstracto del hombre.

Les dejo una charla inspiradora de Marcelo Salas (Café Martinez), a quien conocí en un evento, y que me pareció una historia inspiradora.

Y por último, una charla de David Criado, sobre “cómo ser extraordinario”.

¿Qué se comparte en la Economía colaborativa?

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No quiero parecer un negativo ante todo. Ya sabrán que mi posición crítica no está orientada a ser anti-sistema, sino a comprender los procesos y los discursos poco visibles. En palabras de Giorgio Agamben, me gusta hacer una Arqueología de las tendencias actuales, buscar aquellas signaturas, por las cuales las cosas revelan sus cualidades invisibles.

No es la primera vez que me toca hablar de la economía colaborativa. Un largo artículo de Uber saqué hace un mes.
Las cosas se están poniendo complejas y los gobiernos (aquellas instituciones más conservadoras en muchos sentidos, pero que también son innovadoras cuando les conviene) están tomando decisiones drásticas para uno y otro lado.

Lo que cuesta develar, entonces, es el sentido hacia el que se dirige esta moda de la colaboración. ¿Qué cambios están transformando positivamente a la sociedad?¿Quién se beneficia mientras tanto?¿Qué rol están jugando los Gobiernos?

Como todo campo, la lucha de poder es feroz, pero en un ámbito donde el conocimiento y la información que se maneja es escaso, es aún peor.
Digo conocimiento e información por dos razones, y hago hincapié en esto porque supuestamente estamos en la “era del conocimiento y la información” y las TICs son el futuro (por lo menos vienen siendo hace 15 años y no sabemos donde vamos a terminar).
Por un lado, solo un bajo porcentaje de la población sabe qué es “economía colaborativa”, “emprendimiento”, “procomún”, etc, etc. Esto hace que el cambio, en principio, sea para algunos. Además, pareciera que esta nueva moda desvaloriza lo que estaba antes. Es decir, aquellas prácticas fundadas en la colaboración y el intercambio, y que estaban organizadas en torno a otros valores, con o sin internet de por medio.
El segundo lugar crítico, es la información en sí. Retomando a Agamben, el dispositivo-máquina de la economía colaborativa es compartir a costa de esconder otras cosas.
Ni Uber, ni Airbnb, ni los gobiernos, ni las universidades dejaron de lucrar (ya sea económica o políticamente) con ello. Y por ende, la ganancia está en compartir un objeto (generar nuevas mercantilizaciones), por ejemplo la casa o el auto, y no compartir la forma en que ese modelo se crea, o funciona.

Si un gobierno que fomenta la economía colaborativa, no es consciente de la disruptividad social que generan estos modelos, y por lo tanto, segregación, está reproduciendo el modelo capitalista, al mismo tiempo que fomenta el consumismo en nuevas formas. Porque, convengamos, no difiere mucho del modelo original.

¿Cuál es la alternativa? Entre todas las aplicaciones y plataformas que hemos adquirido con las nuevas generaciones tecnológicas, la que veo que está cayendo en desuso es la wiki.
Algunos ya ni recordarán, que las wikis no son solo Wikipedia, sino una plataforma abierta de colaboración mutua y la mejor forma (a mi parecer) de compartir conocimiento.
La gran dificultad de las wikis, es el formato, que tal vez no es el mejor para personas que no están acostumbradas a manejar diferentes interfaces (si se ponen a pensar, las personas comunes solo manipulan interfaces digitales en sus computadoras, smartphones y algún kiosco en la vía pública). Pero más allá de eso, las wikis habían comenzado a usarse para compartir información y disponer del conocimiento en muchos ámbitos. De una forma abierta y comunitaria, todos podían acceder a todo.

Ahora que están de moda los FabLabs y MakerSpaces, que están orientados al “hacer” han dejado de lado el componente del conocimiento que tenían los Medialabs y se dedicaron a la masificación del “hacer”. El Fetiche producido por esos modelos cerrados, olvidaron la importancia de documentar y compartir libremente sus resultados.

Las universidades y los centros de investigación, siguen valiéndose del paradigma científico de los papers y las publicaciones elitistas. Muy pocas investigaciones son difundidas libremente, y estructuran su valor en el mercado científico.

Los gobiernos, lejos de transparentar su metodología, mercantilizan su gestión a costa de la falta de información. El paradigma de Gobierno Abierto se agota en el momento en que no haya más datos que compartir, cuando lo realmente valioso son los procesos de construcción de sentido, en las decisiones que se toman para una ciudad.
Retomando a Agamben, él dice que “la profanación de lo improfanable es la tarea política de la generación que viene”, es decir, devolver a las personas el valor de uso de las cosas. Los datos, hoy en día, son el objeto de mercantilización de la gestión. Saca de discusión la lucha política para que los ciudadanos “compren” de forma deliberada una mejor gestión, sacralizando la información, alejándola del objeto real.

En definitiva, la profanación de la que habla Agamben, no es un proceso del que estemos cerca. Él habla del capitalismo como una religión, en el que se separan las cosas de los hombres, para convertir lo separado en mercancía. El consumo, desde su visión, es la imposibilidad del uso.

Los defensores de la naturaleza, no así los ecologistas que forman parte del mismo paradigma capitalista, tienen razón en que hay que volver a conectarse con lo natural. Pero lo natural en la relación del ser humano con las cosas en si. La abusada frase “vivir el presente” es, en algún sentido señal de esta reconexión entre las cosas y los seres vivientes.
Una verdadera economía colaborativa, sería la que rompe los caminos existentes y abre nuevos al paso del hombre. Estos caminos no están marcados, como las reglas que rigen nuestras sociedades, sino que existen en la potencia-de-ser, en cualquier momento, en cualquier persona.

La ansiedad digital y las futuras tecnologías invisibles

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El surgimiento de la industria tabacalera, como la conocemos hoy fué acompañado desde el origen de la publicidad, la moda y la obsolecencia programada. Una revolución, promovida por la necesidad de generar un consumo constante, sumado al aumento del individualismo y el pensamiento liberal. El cigarrillo fué un ícono, si hablamos de objetos de moda, y se refleja perfectamente en la serie Mad Men.

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Pero en los últimos años, la batalla por el cuidado de la salud y el medio ambiente, la implementación de leyes que limitan los espacios para fumadores, y un decaimiento en la imagen del fumador, han desplazado el cigarrillo como objeto de placer y de status. Incluso con el surgimiento del cigarrillo electrónico, la batalla parece perdida. Ahora las tabacaleras van por la marihuana, pero esa es otra conversación.

El placer, y el depósito de la ansiedad, el status y la moda ha pasado a manos de la industria tecnológica. Apple lo entendió muy pronto, y desde el lanzamiento del iPod ha revolucionado los estándares liberales hasta llegar al iPhone.

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El iPhone, y el resto de los teléfonos similares que han lanzado el resto de las compañías, son el objeto digital más revolucionario. No por su tecnología y capacidad de procesamiento, sino porque es el elemento que reemplaza al cigarrillo en nuestras manos.

La ansiedad y la costumbre del ser humano de “hacer algo” con nuestras manos en todo momento, ha sido bien interpretada por la industria tecnológica. Esa obsesión, mal entendida como una distracción mental, forma parte de nuestra naturaleza más antigüa. Desde que el hombre tiene razón de ser, ha creado herramientas con sus manos.

Pero algo que el iphone no reemplaza, es la ansiedad oral. Me pregunto cómo las personas encuentran una vía para derivarla, acá dicen que está aumentando la obesidad.

Pero la pregunta que debemos hacernos tiene que ver con el futuro. A corto plazo, lo que se discute son los wereables, o en un principio, los relojes inteligentes.
Por lo menos, por parte de Apple es un rumor, y otras compañías se adelantaron a lanzar su modelo. Pero la empresa de la manzana sabe que su eje sigue siendo el iphone, ya que todo se relaciona con él, generando un ecosistema dependiente, pero entendiendo que es una relación legítima con el dispositivo. En cambio, aquellos que solo ven un producto diversificación, generando nueva demanda, encuentra que sus ventas no son satisfechas como se esperaba.

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Un futuro más lejano, nos lleva a pensar en la tecnología ubicua. Adam Greenfield, y otros tecnólogos han escrito mucho sobre estas tecnologías, que gracias al avance como las pantañlas oLED y dispositivos sensoriales, se pasará a tener tecnología sobre cualquier superficie.

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¿Qué pasará con los valores en los que el cigarrillo y el smartphone ocupo su lugar? Somos seres manuales (o digitales) y no podemos escapar de eso. Ni siquiera Google con Glass ha sido capaz de desplazar el control de nuestras manos hacia nuestros ojos.
La moda y el status es valorado en un reloj, pero hay mucho más que un smartphone representa. Probablemente un pequeño dispositivo que controle a estas superficies tecnológicas, sea la solución. Pero las nuevas tecnologías no dejarán de estar al alcance de nuestra mano…

Resolviendo los problemas de Uber

Shanghai, China. February 13th 2014. Driver images for UBER marketing content.

Shanghai, China. February 13th 2014. Driver images for UBER marketing content.

El título no es más que para llamar la atención, porque para resolver los problemas, debemos pensar ¿Problemas para quién?
Para los que no saben de que hablo, Uber es una compañía que brinda un servicio de transporte privado con chofer basado en el uso de una aplicación móvil.

El problema que encara hoy la empresa, es que en Londres, los taxistas se pusieron muy enojados y se convirtió en un problema público. Pero el problema que tiene en Londres, podría tenerlo en muchas otras ciudades, como España, donde un transporte de ese tipo está muy regulado. Es decir, los taxis pagan una licencia muy cara para funcionar, y ahora una startup viene a pisarles los talones ofreciendo otros precios y totalmente desregularizado.
Los medios de transporte, en la historia de las ciudades, han ido evolucionando. El colectivo como lo conocemos hoy, pasó por muchas etapas, y en algunos países conviven viejas formas con otras más modernas, como en Chile o Colombia.

Uber puede ser muy innovadora (y problemática para el status quo), o solo un agregado tecnológico. En Argentina, estamos muy acostumbrados a los remises, y el uso de los mismos no difiere mucho de Uber, solo cambia el soporte digital en la forma en que se pide el mismo. De hecho, hace varios años, cuando la inseguridad llegó a un nivel muy alto, comenzaron a aparecer servicios de Radio Taxi, donde el taxi podría ser pedido por teléfono. El sistema también es similar.

El servicio de Uber, permite nuevas formas de acercar un servicio a la gente. Incorpora nuevas tecnologías que permite mejorar el servicio, ofrecer mejor calidad de atención. Pero viéndolo desde otras perspectivas, hay un par de cosas que me preocupan y se habla poco.

Desde un aspecto económico, Uber es monopólico, definiendo una tarifa única, y que a través de su masificación no permite el desarrollo de otras compañías iguales en la misma ciudad, y compitiendo con el servicio de transporte público como son los taxis. Como muchas compañías tecnológicas, su modelo de negocios se beneficia de los agujeros legales evitando pagar los impuestos correspondientes.

Desde una perspectiva política, Uber es autoritario. Por la misma razón de que define sus tarifas, gana beneficios de su explotación y no permite una injerencia del estado acerca del valor de su servicio.

Desde un aspecto social, Uber es excluyente, ya que puede acceder solo aquel que tiene un smartphone, sabe usarlo, tiene conectividad y tiene la oportunidad de ser parte del conjunto social que pueda acceder a los usos y costumbres de esa tecnología.

Por otro lado, Uber está en pleno desarrollo. Y es por eso que se debate en la arena política y pública si el servicio debe ser regulado. Un estado que no responde a esa demanda emergente es un estado negligente. Por dos razones, primero es una amenaza contra lo público, y es una amenaza contra la seguridad.
De hecho el segundo ítem, disparó otra crisis hace unos meses, donde el servicio comenzó a cobrar un extra por “mayor seguridad”.

¿Uber es bueno o malo? Depende para quién, en qué contexto, bajo qué reglas y normas. Desde un análisis socio-técnico, se podría analizar un posible funcionamiento de la empresa según condiciones actuales de la aceptación tecnológica, el déficit en movilidad que sufren las ciudades y el hype de las aplicaciones móviles. La lógica indicaría que en los países centrales, funciona mejor por su adaptación al uso de aplicaciones móviles, etc. Pero lo de Londres nos muestra que no.
De hecho, en Argentina sería muy aceptado! Salvo porque el 60% de la población o más, no lo usaría. Ni sería negocio para su central americana por los problemas de cambio y exportación de divisas. Ni hablar de que hay muchos taxis y la “institución” del taxi brinda la suficiente confianza (cosa que en NYC no pasa).

Creo que falta mucho pensamiento crítico, tanto para la empresa, para los que opinan a favor y en contra, y para los gobiernos, que tienen que decidir acerca de la realidad. ¿Es realmente Uber un servicio revolucionario?¿O solo aprovecha un momentum?
Yo estoy totalmente a favor de lo colaborativo. Pero la colaboración, tiene que ser en términos de inclusión, cooperación y en favor de lo público. De otra manera, estamos frente a un aprovechamiento de los vacíos legales, para generar un beneficio privado.

[Actualización]
Hoy veo esta nota, en donde se comenta un problema más, el bajo precio que se le paga a los conductores y ya se habla de una gremialización.
Pero no quiero resaltar el problema, sino resaltar que lo que está pasando con Uber, es que están saltando conflictos localizados a partir de esta empresa. Eso es bueno, porque se pone en discusión cuestiones que le preocupan a la gente.
Lo cual, no quiere decir, que Uber tenga éxito al acabar todo esto. Pero si permite “repensar” las cosas que están dadas. Y ahí, puede ser bastante innovador.

[Actualización 2]
No puedo dejar de actualizar esta nota. Es que la cosa se va poniendo interesante, ya que acabo de encontrar esta nota que habla de las licencias de taxi como inversión, y que Uber viene a romper todas las reglas.
Uno puede pensar “Genial! Eso permite democratizar los servicios!”, pero no. Hay muchas familias que viven de eso, que han construido su economía y que probablemente no sea la mejor, pero les da seguridad, sobre todo a muchos inmigrantes. Depende el caso, no siempre sucede esto.

Esto nos demuestra, una vez más, que la innovación deja atrás a una parte de la sociedad, en general minorías. Se convierte en algo excluyente, y el bien para todos puede ser un mal para pocos, pero que siempre nivela para arriba.
Lo cierto, es que también cuando Uber se vuelva una constante, los abusos que se llevan a cabo hoy en el universo de los taxis, se van a trasladar a las nuevas formas de conducción.

[Actualización 3]
Hablando de Sharing Economy, encontré esta interesante explicación de por qué es una reproducción neoinstitucionalista/solucionista y que los problemas siguen sin resolverse.

[Actualización 4]
No puedo dejar de actualizar este artículo. Porque encontré esta noticia donde Helsinki planea que para dentro de 10 años sus ciudadanos no tengan que comprarse un auto. Es decir que habrá servicios de transporte público con todas las necesidades. Y si uno se pone a pensar, es similar a la propuesta de Uber, pero público, con un bajo costo.
Y como verán, las ciudades también tienen sus respuestas frente a las nuevas oportunidades, dejando de lado el lucro que puede tener una empresa privada.

[Actualización 5]
Esto sigue, la noticia de hoy es que Seoul, una de las ciudades que más apuesta a las ciudades inteligentes y a la economía creativa, declaró que va a perseguir a las aplicaciones como Uber.

[Actualización 6]
Ahora sí se puso interesante, en la ciudad Australiana de Victoria el Gobierno local llegó a un acuerdo con Airbnb para poder dar alojamiento para las situaciones de emergencia. Lo “colaborativo” empieza a tener sentido.