Estamos desarrollando inteligencia artificial en nuestros cerebros

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A raíz de esta nota, me he dado cuenta de lo que estamos haciendo como sociedad. En los últimos meses, para mi investigación doctoral, estuve lidiando con Natural Language Processing y bots que desarrollan conversaciones. Entender palabras no es lo mismo que entender lenguajes.

Como propone el artículo, IBM vende Watson como Inteligencia Artificial real. Y no lo es. Al igual que vendieron el concepto de SmartCities y nunca fue lo que vendieron.

Por el momento solo presenciamos algunas máquinas repitiendo algunas tareas, aprendiendo algunas otras. Lo que obtuvimos fue más preguntas que descubrimientos. AlphaGo realizó movimientos impensados para ganarle al mejor jugador de Go. Los expertos ni siquiera saben qué paso en esas decisiones. Como propone Kazemi, debemos tratar a estas máquinas como alienigenas. Porque al final eso serán, seres incomprendidos, extraños a nuestra forma de pensar, alejados de cualquier inteligencia humana.

Pero en el medio de este dilema, las empresas deben vender sus productos. Y el marketing es una de las mejores herramientas humanas, luego de la filosofía, para hacernos creer nuevas cosas. 

Ante la dificultad de desarrollar sistemas humanamente inteligentes, nos convencen que Siri o Allo o Cortana pueden responder a nuestros pedidos. Siempre y cuando sepamos cómo pedírselo.

ctualizado] Luego de haber escrito esta nota, encontré una noticia no menos llamativa, en donde los padres están preocupados de la pérdida de las formas lingüísticas en los niños por acostumbrarse a pedirle cosas a Amazon Echo. También encontré este paper que describe la investigación sobre el uso de estos agentes conversacionales, donde advierten lo mismo, la forma de hablarles debe adaptarse y no puede ser la convencional. [/Actualizado]

Entonces, lo que hacen los programadores es reducir nuestra imaginación a breves indicaciones a dispositivos para que respondan lo que queremos, sólo si lo decimos como las máquinas quieren escucharlos. Es decir, moldean nuestra forma de pensar para encargarlo en lo que ellos venden como AI.

La humanidad es poesía, es creación contextual y referencial. Nuestra imaginación funciona de formas muy extrañas. Rembrandt no copió miles de Rembrandts para hacer sus cuadros, su estilo y marca pictórica qué el resumen de su trabajo creativo. “Crear” un nuevo cuadro con su estilo no se acerca a la capacidad humana. También deberíamos revisar si lo que una máquina hace desde cero se llama arte o diseño, ya que por más que sea “único” es reproducible técnicamente.  Ya que según me concierne, la diferencia original entre uno y otro tenía que ver con la reproducción del objeto en sentido ontológico, ya que todas las reproducciones tienen diferencias en su materialidad.

Cuando digo que estamos creando inteligencia artificial en nosotros, es que en realidad lo que sucede es que creamos una ficción, sintética, de que convivimos con algo que esperamos que sea pero que no es. Esa ficción es útil para algunos propósito, pero no es buena para el desarrollo intelectual y creativo ya que limita nuestra ambición y deseo de llegar más lejos.

Por ello elegí la imagen de la portada (Image credit: Google), ya que representa exactamente lo que sucede, limitar al cerebro a pensar de forma programática y no creativa. Rick Robinson argumenta que las computadoras no son nada sin el juicio humano.  O en un sentido más radical Epstein afirma que nuestros cerebros están vacíos, y la idea de “almacenar en la memora” es solo una metáfora, porque no existe ningún lugar donde se almacene, a diferencia de las computadoras.

A pesar de ello, en el blog Wait But Why, explican muy bien la diferencia entre una Inteligencia Artificial realmente inteligente y lo que se está haciendo hoy en día. Y también sus consecuencias inmediatas.

The AI Revolution: The Road to Superintelligence

Una semana sin el Apple Watch

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Compré el dispositivo en Mayo de 2015, era uno de los primeros en tener un Apple Watch de acero inoxidable. No es que el de aluminio me gustase más, simplemente tenía una demanda que no me permitía tenerlo cuando yo lo “necesitaba”.

Hace unos meses me comenzó a fallar. Específicamente un problema con la carga en el que prácticamente no pasaba del 10%. Pero Apple recomienda reiniciar, desenlazar y volver a enlazar el dispositivo. Funciona. Pero cada vez tenía que hacerlo en menor tiempo, a cada semana. Lo llevé al Apple Store, y a la semana me dieron uno nuevo.

Toda mi vida usé reloj, desde chico. La ausencia en mi muñeca me da un poco de paranoia. Por lo tanto volví a mis relojes mecánicos. Primero descubrí que más de uno ya no tenía la batería cargada. Luego, que la correa molestaba un poco porque estaba o suelta o apretada, no se puede ajustar como la Milanese Loop. 

Realmente no extrañe demasiado el Apple Watch. Ni saber cuantas calorías estaba perdiendo, ni alguna otra cosa (no se me ocurre nada vital). Pero hubo algo que si me pareció notablemente diferente en mi rutina. Las notificaciones en el celular son molestas cuando suenan, y no las siento cuando están en vibrador. Me acostumbré a “sentir” las notificaciones en mi muñeca, y es una sensación extraña.

No soy una persona que usa mucho las aplicaciones de mensajes, uso bastante twitter pero no tengo urgencia de que me notifique alguna respuesta. Mas bien soy un usuario pasivo. Pero siempre fue mi propósito que me desligue de mirar el teléfono. Y creo que lo logró.

Si a esto vamos a llamar Ubiquitous Computing o lo que sea como lo quieran llamar, me gusta.  Estoy un poco cansado de depender de estar mirando dispositivos. Sin duda aún llevará tiempo para que la industria nos lleve a esto. Pero la libertad de llevar cosas está buena, siempre y cuando podamos controlar nuestra privacidad y libre albedrío.

 

PD: Habrán notado que mi sitio cambió de dirección y diseño. Espero que les guste. Y actualicen su lector RSS para que apunte a https://manuchis.net/feed.

Back to The future: Definiendo los posibles futuros

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Hace unos días se cumplió la fecha en la que, según la película, Marty McFly llegaba del pasado. Vi muchos post sobre los inventos que realmente existen en este año y los que no, los que son similares o los que no tienen nada que ver. Incluso algunas marcas aprovecharon su branding oportuno y sacaron su propia versión “como en la película.

Incluso Daniel Balmaceda, reconocido historiador porteño, nos trae a cuentas las viejas futurologías de Buenos Aires. Aquí hicieron algo similar sobre Londres.
Siempre es bueno recordar qué era lo que se creía en un momento, para conocer la visión de la propia ciudad.

No tiene que ver con lo que realmente pasó o no, sino con habilitar el imaginario colectivo a nuevas posibilidades. El componente cultural de la ficción, nos permite adaptarnos a las tecnologías, a generar el sentido de utilidad o al menos existencia.

La utopía es algo sano. Aunque algunos crean que es cosa de soñadores, o gente de izquierdas, tanto las utopías y las distopías nos permiten crear ideas, no sobre lo que existirá o no, sino en lo que nos convertiremos.

La disciplina conocida como Design Fiction, devenida de las prácticas de Human-Computer Interaction y Design Ethnography, busca experimentar con esos futuros posibles y desarrollar nuevos productos en base a esos cambios culturales. Near Future Laboratories es un estudio que explica muy bien de que se trata esta disciplina, como ellos lo definen “In Design Fiction we make implications without making predictions.”

Muchas veces la ciencia ficción aparece como algo valorado negativamente en la sociedad. Está visto como algo infantil, imaginativo o naive. Pero al “acercarnos a la modernidad”, con nuevas oportunidades para nuestras vidas, como los self-driving cars o computadoras que respondan nuestros pedidos, como Siri, es bueno preveer a donde nos estamos dirigiendo, y cuales serán nuestros desafíos.

A propósito, las compañías tecnológicas están sobrepasando sus procesos de innovación, llevando cada vez más rápido los resultados directo a los usuarios. Así cualquiera puede instalar de forma oficial una beta de iOS en su iPhone, a pesar de tener problemas de compatibilidad, o bien probar el autopilot de Tesla, por más que sea un peligro para nuestra persona.

Hoy en día, la ficción es más realidad que la propia ficción. Una mirada crítica y las metodologías de experimentación, deben estar aún más afinadas.
Por suerte, con el regreso de StarWars y BackToTheFuture a los medios sociales, se está reivindicando un poco más la mirada futurista. Aunque algunos se lo toman por vintage…

En definitiva, no se trata de subirse a moda o a un revival, sino de reflexionar de cómo podemos aprender de nuestra propio futuro.
Para nostálgicos, les dejo una yapa 😉

Data-driven obsession

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Mucho vengo leyendo sobre la aparición de objetos/dispositivos que nos “ayudan” a controlar cual o tal indicador.
Hasta hace unos años, controlarse la presión, el peso y la visión cada tantos meses era suficiente. Hoy en día, además controlamos nuestro plan de datos móviles, la energía que consumen nuestros electrodomésticos o el agua que consumimos.

Como expone Alexis Madrigal, esto nos puede llevar a una decepción. No solo personal, porque el mínimo cambio en los datos probablemente no se vea reflejado en un cambio real. Tampoco en el mundo, ya que realmente no sabemos qué consecuencias tiene este nuevo comportamiento de “medir” todo y tomar decisiones a partir de ello.

Y ni hablar si las máquinas comienzan a tomar decisiones por nosotros. Alexis pone de ejemplo al mundo de la publicidad. Pero sucede en las listas de Spotify o algunos servicios de cartografía, donde lo sugerido se aleja bastante a lo deseado. Incluso Apple se dio cuenta de ello, proponiendo listas musicales curadas por gente de verdad. Tesla, por su parte, está utilizando Machine Learning a partir de las decisiones de sus usuarios para hacer el cambio de carril, etc.

Es que yo me pregunto si esta obsesión por hacer todo mas “inteligente”, no nos vuelve más paranoicos. Por ejemplo, este espejo que te muestra el futuro yo… en que universo paralelo esto va a ser realidad?

De todas maneras, parece que las startups están obsesionadas con la gordura de la gente, hasta que haciendo un análisis del tipo de productos que se lanzan, podemos ver las preocupaciones de la población.
Volviendo a Apple, el uso de los tres circulos en la app Actividad, son más efectivos, manteniendo el aviso de levantarse y el objetivo de caminar 30 minutos, es una forma de mantener el rito de vida sin volverse una obsesión.

Aún no se si alguien hizo algún tipo de estudio sobre la frustración al no mantener los niveles que las aplicaciones nos sugieren. Debo admitir que en los últimos meses, mi ritmo de vida fué muy intestable y cada semana mi Apple Watch me sugiere bajar el objetivo de calorías quemadas. Y en algún rincón de mi cabeza siente cierta culpa por ello.

Sabemos que las sociedades más exigentes están aumentando la tasa de suicidios. Y en particular, no creo que estos pequeños dispositivos que nos dice que mal nos va, no son más la evolución de las revistas de moda que mostraban personas delgadas, llevando frustración a la sociedad en vez de un beneficio real.

Como última instancia de esta obsesión, tenemos este servicio que dice ser el Yelp de las personas. En fin, el mundo está obsesionado con los datos. Y yo creo que está siendo un peso más grande llevar encima la culpa y la responsabilidad de tantos cambios irrelevantes, que nos olvidamos los valores de la banalidad y la empatía, que son fundamentales para una sociedad.

Bueno, y hablando de aparatitos que nos está llevando al extremo, no se que pasará cuando se pierdan algunas contraseñas por ahí y cualquiera pueda entrar a tu casa

Dejando un camino recorrido

fin

Hoy es mi último día en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La mayor nostalgia es tener que dejar un proyecto muy importante, pero me satisface haber trabajado en un equipo tan lindo y tan sinérgico.

Comencé en un pequeño proyecto con Boyd y Luis en el Ministerio de Modernización, unos primeros 6 meses muy optimistas.
Luego, Martín me convocó para lo que nombramos como Programa de Cooperación de Políticas Públicas Innovadoras, dentro de Ministerio de Gobierno. Conocimos el país, hicimos amigos, debatimos en profundidad las políticas públicas de muchas ciudades, y más que nada hicimos un gran equipo, con Giselle y Lourdes.

Cuando mi destino ya estaba dicho, nos convocan para lo más dificil que habíamos hecho hasta ahora. El Archivo del Registro Civil.
Hacernos cargo de un edificio que contiene toda la historia de todos los ciudadanos porteños, es motivo de orgullo y de responsabilidad al mismo tiempo.
A veces, entre metrobuses y emprendedores, algunos se olvidan de lo mas escencial, la protección de la identidad de los vecinos.

Para ello intentamos mejorar, optimizar y acompañar los procesos de digitalización. Una tarea árdua, compleja y que llevará muchos años.
Las mentes más modernistas creían que era sencillo. Pero la sensibilidad de esos documentos, los 130 años de constancia metodológica, no son tan dificiles de asimilar.

A veces leo a los “especialistas” que siguen hablando de ciudades inteligentes, y todas esas futurologías, mientras veo los miles de libros de partidas que están en nuestro edificio, supera cualquier idea futurista. Ese lugar es un templo, y por mas tecnología que se intentó interponer, mantiene su mística y su lugar.

Siento mucha pena al dejar a Martín y Giselle en este gran proyecto. Hemos logrado una confianza mutua muy linda como equipo, en las horas extensas de nuestros días de trabajo. Y sobre todo, aprendí mucho. Pero el equipo no somos nosotros nada más, porque esto no es posible gracias a la decisión y apoyo de Silvia y del resto del equipo, en el que logramos hacer que un Ministerio entero funcione y de buenos resultados.

Pero la oportunidad que me ha tocado es única, y estoy seguro que volveré con más experiencia para afrontar nuevos desafíos.
Seguiré transformando la vida de los ciudadanos, desde otro ámbito, y espero más que nada, ayudar a los tecnólogos a entender las cosas desde otro lado. Porque como siempre digo, tecnología no es solo cacharros. Es organización, procesos y artefactos, y mejorar en uno de los tres aspectos, es parte de hacer mejores ciudades y mejores ciudadanos.