Data-driven obsession

Mucho vengo leyendo sobre la aparición de objetos/dispositivos que nos “ayudan” a controlar cual o tal indicador.
Hasta hace unos años, controlarse la presión, el peso y la visión cada tantos meses era suficiente. Hoy en día, además controlamos nuestro plan de datos móviles, la energía que consumen nuestros electrodomésticos o el agua que consumimos.

Como expone Alexis Madrigal, esto nos puede llevar a una decepción. No solo personal, porque el mínimo cambio en los datos probablemente no se vea reflejado en un cambio real. Tampoco en el mundo, ya que realmente no sabemos qué consecuencias tiene este nuevo comportamiento de “medir” todo y tomar decisiones a partir de ello.

Y ni hablar si las máquinas comienzan a tomar decisiones por nosotros. Alexis pone de ejemplo al mundo de la publicidad. Pero sucede en las listas de Spotify o algunos servicios de cartografía, donde lo sugerido se aleja bastante a lo deseado. Incluso Apple se dio cuenta de ello, proponiendo listas musicales curadas por gente de verdad. Tesla, por su parte, está utilizando Machine Learning a partir de las decisiones de sus usuarios para hacer el cambio de carril, etc.

Es que yo me pregunto si esta obsesión por hacer todo mas “inteligente”, no nos vuelve más paranoicos. Por ejemplo, este espejo que te muestra el futuro yo… en que universo paralelo esto va a ser realidad?

De todas maneras, parece que las startups están obsesionadas con la gordura de la gente, hasta que haciendo un análisis del tipo de productos que se lanzan, podemos ver las preocupaciones de la población.
Volviendo a Apple, el uso de los tres circulos en la app Actividad, son más efectivos, manteniendo el aviso de levantarse y el objetivo de caminar 30 minutos, es una forma de mantener el rito de vida sin volverse una obsesión.

Aún no se si alguien hizo algún tipo de estudio sobre la frustración al no mantener los niveles que las aplicaciones nos sugieren. Debo admitir que en los últimos meses, mi ritmo de vida fué muy intestable y cada semana mi Apple Watch me sugiere bajar el objetivo de calorías quemadas. Y en algún rincón de mi cabeza siente cierta culpa por ello.

Sabemos que las sociedades más exigentes están aumentando la tasa de suicidios. Y en particular, no creo que estos pequeños dispositivos que nos dice que mal nos va, no son más la evolución de las revistas de moda que mostraban personas delgadas, llevando frustración a la sociedad en vez de un beneficio real.

Como última instancia de esta obsesión, tenemos este servicio que dice ser el Yelp de las personas. En fin, el mundo está obsesionado con los datos. Y yo creo que está siendo un peso más grande llevar encima la culpa y la responsabilidad de tantos cambios irrelevantes, que nos olvidamos los valores de la banalidad y la empatía, que son fundamentales para una sociedad.

Bueno, y hablando de aparatitos que nos está llevando al extremo, no se que pasará cuando se pierdan algunas contraseñas por ahí y cualquiera pueda entrar a tu casa

El estado de Internet de las Cosas en Argentina

El jueves pasado realizamos una conferencia sobre Internet of Things, a la que asistieron 140 personas. La mas grande desde que iniciamos el grupo en 2012. La tendencia de esta industria es evidente. La gente quiere saber de qué se trata.

IoT según el Hype Cycle de Gartner
Perfiles de miembros del Meetup Internet of Things Buenos Aires

En febrero escribí para Telefónica, una nota sobre la situación local de todo esto. Hoy en día algunos problemas persisten pero ciertas oportunidades han aparecido y otras crecen. He conocido mas emprendimientos que han surgido en este último año y estoy muy contento por ello.

Estoy seguro que es una industria que puede seguir creciendo. A pesar de ello, contamos con tres grandes obstáculos.

En primer lugar, continúan las dificultades de acceder al hardware. Los precios son exorbitantes si se quiere producir localmente, con tiempos indefinidos y mucha inseguridad efectiva. Poca liquidez y crédito. Si se trata de importar, es casi imposible. Mucho si necesitas hacerlo en poco tiempo.
A pesar de esto, la importación de componentes no está tan restringida, eso abre una oportunidad pequeña.

El segundo gran problema son las telecomunicaciones. En las ciudades, las frecuencias están cruzadas y totalmente saturadas. Pensar en sistemas con una debilidad comunicacional, puede producir la inseguridad que se supone que IoT evita.
Al mismo tiempo, en el campo existe zonas fuera del alcance de las antenas móviles. Y como nuestro territorio es tan extenso, no es tan fácil generar una buena cobertura.
Hay que trabajar en lograr bandas de comunicación exclusivas para estos dispositivos. Y pensar soluciones específicas para lugares más inhóspitos. ¿Hace falta que los gobiernos se metan en esto? ¿Hace falta un lobby (cual FCC) que empuje hacia una regulación en las frecuencias no reguladas? Son preguntas que aún me hago. ¿Quienes serán los futuros operadores de estas tecnología?

El tercer problema, es mucho más sencillo de resolver. Es un problema de marketing. A las empresas actuales les cuesta ver la oportunidad. So incapaces de encontrar nuevos mercados y se estancan.
Hablo de las viejas industrias que tienen miedo de incorporar cierta tecnología, pero también hablo de nuevos emprendedores que se quedan estancados en su profesión.
Hay que conectar estos dos mundos, y para ello no se necesitan más ingenieros. Se necesitan especialistas en marketing y diseñadores que sepan generar nuevas oportunidades, que se amiguen con la tecnología y se preocupen por darle una vuelta creativa a las necesidades de los clientes.
Muchos de los emprendimientos que conocí necesitan ser asesorados para que sus productos sean diseñados y sean puestos en el mercado y se multiplicarán por mil sus ventas.
Como dijo Jose Luis Carmona, el campo es muy hostil, y un ingeniero de la ciudad no sabe como salir a venderle a un productor rural, no sabe ni siquiera cuales son sus problemas reales. Y es la economía más grande del país. Less Industries se dio cuenta a tiempo y está logrando buenos resultados.

Hay que pensar en qué industrias se puede innovar. Pensar en un producto al consumidor, es muy difícil de que sea rentable. El campo es uno de los grandes jugadores.

Pero también, la crisis energética puede ser una gran oportunidad, y no solo hablo del petrolero o de paneles solares. Existe la capacidad de mezclar varios universos para solucionar el gran problema nacional.
Un ejemplo podría ser la biomasa, que los productores alimenticios podrían elaborar a partir de desechos, o bien la ciudad también podría hacer lo mismo si empieza a separar los residuos orgánicos.
De esta manera, IOT podría ayudar a generar una trazabilidad de los desechos, y medir la generacion energética. Y es solo un ejemplo.

Nuevamente citando a Carmona, no debemos dejar que Internet of Things sea solo un discurso de las grandes empresas. En The Atlantic advierten algunos peligros. Pero hay que ver la oportunidad. Hay mucho que resolver y el mercado que se está abriendo es gigante.
Vamos a estar trabajando para que existan oportunidades de desarrollo e implementación en el mercado local, no podemos permitir que la región se quede afuera de otra industria más. Necesitamos políticas que faciliten su desarrollo y el apoyo de la industria local para que se haga realidad.

Vigilancia ¿el fin de la ceguera tecnocrática?

Soy un fanático de las nuevas tecnologías, de hecho, mis últimos años los he pasado desarrollando y difundiendo nuevas formas de incorporar tecnologías a nuestros procesos, pero también en generar conciencia del peligro al que nos vemos expuestos. Pero como novela de ciencia ficción, seguimos creyendo que estaremos más felices, más seguros y más tranquilos gracias a la tecnología.

Todos sabemos que podemos estar siendo espiados, siempre lo supimos. Pero luego de episodios como el de la NSA la teoría se confirma.
Tal como si estuvieramos en una guerra fría 2.0, paises de América del sur se alínean para tener su propia red independiente de estados unidos, y hasta Rusia vuelve a las viejas máquinas de escribir por miedo a las filtraciones.

Talvez las cámaras de vigilancia y los drones sirvan en algunas ocasiones, por ahí sirvan para controlar el tráfico y mejorar la seguridad en los taxis, pero en líneas generales la cosa no funciona y tienen un gran costo.

Por otro lado, desde las organizaciones civiles reclamamos que se implementen políticas de transparencia, y que los datos que manejan las instituciones públicas. Pero parece que no está saliendo muy bien, pues países como Argentina y Uruguay no están implementando las leyes como corresponde, y las empresas que manejan datos públicos a travez de las smartgrids no entregan los datos.
De todas maneras, hay algunos avances interesantes, como el fallo de Canadá donde se dictamina que todos los sistemas de Georeferencia son bienes públicos y por lo tanto sus datos deberían serlo. Pero esos datos públicos, que tanto reclamamos, no privan a las empresas de ser intrusivos en la privacidad de las personas si no se las controla correctamente.

Por otro lado empiezan a salir documentos como los de la NSA y Proyecto X, y que aunque en América Latina se manifiestan contra la vigilancia de Estados Unidos, ellos no dejan de hacer lo mismo.

Siempre al final, hay oidos sordos en algunos funcionarios, ignorancia en los ciudadanos e indiferencia en los equipos técnicos. Pero yo creo que la cosa va a cambiar.

Caminos posibles

Podemos estar frente a un momento mediático de la situación, pero es posible que comience una tendencia de construir protocolos más seguros, una internet sectorizada llena de estos protocolos y el uso de nuevas formas de comunicación entre analógicas y sistemas de encriptación. Probablemente las empresas que desarrollen este tipo de tecnología comiencen a sacar productos para usuarios finales, debemos pensar quienes ofrecen esto (no sorprendería que Cisco y otras formen la primer camada de productos “seguros”).
Algunos aficionados empiezan a desarrollar aplicaciones pensadas en la seguridad, como Hemlis, creada por uno de los fundadores de The Pirate Bay. No hay que olvidarse de los experimentos ya realizados, como el Sentient City Survival Kit de Mark Shepard.
Pensando en el futuro de los objetos conectados (IoT) debemos pensarlo dos veces antes de instalar una cerradura electrónica en nuestra casa. Me parece que a esta altura entendimos que Google Glass no es viable.

Otros incluyen la privacidad como parte de los derechos humanos, aunque muy pocas veces se respete el resto de los derechos, esperar que respeten la privacidad es ya una batalla perdida.

Ahora países americanos se preocupan del espionaje internacional, como Brasil que piensa cambiar las leyes para regular el uso de la tecnología y las bases de datos luego de haber instalado sistemas de vigilancias como el de Rio a traves de IBM, cuando nunca se preocuparon por sus consecuencias. Pero otro destino dramático serían redes locales de internet, como funciona en China donde todo está controlado por el Estado, y donde el espionaje es aún peor porque es utilizado para persecusiones políticas.

Otro camino válido y posible es la desconexión, aquellos que no tienen recursos para construir redes seguras dejan de usar cierta tecnología para comunicarse. Así lo solicitó Evo Morales a sus ministros. Hasta ahora la forma más efectiva de evitar el espionaje.

¿Pero que hacer si nuestro DNI y nuestra foto sale hasta en los padrones electorales? Pues no mucho, porque lo que está en internet ya no se puede borrar, y ya hay miles de millones de personas registradas en diferentes bases de datos, relacionales o no, sirven como formas de suposición. Y ahora van por el voto electrónico…
Porque antes de pensar en la relación directa que se puede encontrar como excusa para acusar a alguien con información privada, debemos pensar en las libres asociaciones, en las desnaturalizaciones y en la estadística, que tan mal le ha hecho a nuestras ciudades al tomar malos criteros en tomar decisiones.

Aquellos que quieran proteger su identidad tendrán que cambiar drásticamente de hábitos, desde usar métodos de alta encriptación a directamente no usar ciertas tecnologías. Incluso hay comunidades mapeando cámaras y sensores para poder evitarlos. Usando VPNs y proxies, aunque cada día es menos posible.

Mi visión es fatalista, no será de extrañar para el que me lee más seguido, ya que creo que en el punto en que estamos, es posible que adoptemos todas las tecnologías, talvez un poco mas conscientes. Pero nunca estaremos al día, sobretodo los que tienen menos información. Y llegará el día en que estemos totalmente vigilados como algunas de las mejores películas de ciencia ficción. Y bien sabemos que ni los crímenes ni las persecuciones se detendrán por eso.
Y tal como nos sucederá con el medio ambiente, tendremos que llegar al límite para aprender que no sirvió para nada, y un puño de tecnología será desconectado a causa de los recursos que consume todo el sistema será tan vasto que no podremos sostenerlo. Talvez suene a ironía, pero es lo más parecido al anuncio 1984 de Apple, de hecho los personajes de Pixar nos cuentan una historia parecida.
En ese momento, talvez, volvamos a una vida normal, en donde confiamos mutuamente. Aunque el problema será que seamos capaces de adaptarnos a las viejas costumbres.

Para terminar, me gustaría que reflexionemos ante las consecuencias de todo lo que nos cruza tecnológicamente en la vida diaria, las infraestructuras que usamos, pensar en cómo las usamos y quienes están a cargo de ellas.
Finalmente, les comparto algunos videos publicados en ViaLibre sobre la última jornada de Vidas Vigiladas.

ACTUALIZACIÓN: Justo después de publicar este artículo me entero de la Matrix que desarrolló Obama para cruzar información internacional y dirigir el ataque de los drones a razón de luchar contra el terrorismo. Poco de qué preocuparse… no?


Hackatones, concursos, prototipados y aplicaciones con soluciones reales

A raíz de una crítica sobre los hackatones, en general, y sobre el DAL que se celebró recientemente en varias ciudades de Latinoamérica, han surgido varios puntos que vengo tomando nota hace un tiempo respecto a esta nueva cultura de participación.

Como comentaba, DAL tuvo varias aplicaciones interesantes, y talvez como dice Sasaki, dificilmente las veamos en su versión final para ser usada. Lo mismo con BA Apps, que ayer se dieron a conocer los ganadores. De los cuales Bicicleta Buenos Aires y Parkando fueron los seleccionados y me deja pensando que ambos tienen que ver con mapas y movilidad.

El asunto es ¿qué incidencia puede tener este tipo de concursos a la innovación social?. Tal como hablaba ayer con gente de Gobierno Abierto del GCBA, es cierto que no se puede hacer un seguimiento de los proyectos, sino tan solo ellos intentan dar un soporte para ayudar a aquellas aplicaciones que puedan dar un salto y salir al mercado, o por lo menos estructurarse mejor y postular para una inversión real. Estamos asumiento entonces que hay una cultura de emprendedorismo detrás de este movimiento.

Pero ¿cómo mezclar el bien público con el modelo emprendedor? Por supuesto que es compatible y necesario, pero aquí la funcionalidad es crítica y el objeto de la aplicación debe tener como fin último el bien común. Por eso, creo que este tipo de empresas que comienzan a surgir tienen que ir de la mano con programas como Empresas B o por lo menos tener un gran sentido de responsabilidad social.

Volviendo al foco. Clay Johnson, director de Sunlight Labs, asegura que no hay que enfocarse en los concursos de aplicaciones sino en crear comunidad. Y de esto se desprende el segundo tema.
En general los concursos y hackatones en latinoamérica están orientados a un tipo de público, ya sea desarrolladores, sector público o diseñadores. Noviembre fué un més lleno de ellos y era notable que había muchos desarrolladores, muchos diseñadores o muchos especialistas. Pero nunca todos juntos.

Se que es muy dificil atraer a distintos públicos. Tuvimos la experiencia de CityCamp que fué fantástica en ese sentido, pero aún los urbanistas no entienden la importancia de una app, y los desarrolladores terminan desarrollando algo para un problema que suponen y del cual no tienen conocimiento. Y resulta que, de esta manera, la capacidad de innovación es mínima, ya que terminan copiando proyectos de afuera o bien no resuelven problemas de la comunidad.
También pasa al revés, en DAL había muchas necesidades desde ONGs y pocos desarrolladores que puedan tomarlo, pero lo peor fué que no había diseñadores (UI/UX), profesión que está en déficit en este país.

Entonces, ¿cómo convocar al resto? sin duda es un trabajo dificil, pero para eso, la comunidad tiene que abrirse. No es tan sencillo como armar una convocatoria por redes sociales. Hay que ir a buscar a las comunidades donde están y demostrarles de lo importante que es. Y para eso es un trabajo constante que hay que hacer todos los meses.

Por otro lado, falta una orientación hacia la innovación social. En Argentina, y creo que en el resto de Latinoamérica es similar, no tenemos cultura de innovación, y mucho menos en ámbitos más duros como en el de las ciencias informáticas. Por eso me parece escencial hacer un seguimiento, o bien entrenar a los participantes en capacidades de innovación.
Se pueden armar sesiones de problematización, o de brainstorming, hasta generar mapas complejos para analizar como afecta la idea al entorno al que será aplicada.
En general, los hackatones consisten en una presentación de idea, que es desprendida de una necesidad real o supuesta, y sin ningún tipo de análisis profundo se piensa en sus funcionalidades y luego se hace un diseño acorde mientras se la programa.
Con la excusa de que el tiempo es corto, y con el desconociemiento, se saltean procesos en donde la creatividad y la innovación real se fermenta. Y acá es donde luego vemos aplicaciones sencillas, que quedan en la nada. Ni hablar de modelo de negocios para que esa aplicación evolucione.

Y no quiero que se entienda esto como una crítica a la cultura del prototipado o de la actividad hacker, al contrario, me parece que es lo que falta. Hay una ausencia de metodología de prueba-error, de saltos creativos y de improvisación. Es lo que hace que los participantes vayan a lo seguro, a lo obvio.
Y me trae a duda entonces el sentido del hackatón y la metodología de premiación. Porque como se viene haciendo, con la excusa de motivar a los participantes, estos dejan de arriesgar. Como comentaba en mi post sobre SmartCityExpo, Esteve Almirall insistía con que la participación cívica debe ser por el bien mismo y no por un premio. Porque así se pierde, no solo el sentido de la cultura hacker sino tambien se genera una dependencia directa y nos olvidamos del procomún como situación emergente.

Resumiendo

Es necesario lograr una convocatoria más abierta para generar una interacción real y contundente, es necesario capacitar a los participantes en innovación social y fomentar la experimentación. Todo esto puede realizarse desde mejoras en los formatos de los eventos/concursos.
Las ideas por si solas no sirven, no generan innovación. Esto ya lo vengo comprobando desde que lancé 10.000ideas, proyecto que me parece fantástico justamente porque permite comprar exactamente eso.

“In other words, if your goal is teaching people to code software, to learn how to play with data, foster engagement, create community, spread tools or share knowledge as well as create some product like an app or a visualization, then I wouldn’t run a competition. Instead, I’d organize community events.”

Dice David Eaves

Aparte de las mejoras que se pueden hacer, hay que pensar el siguiente nivel. ¿Cómo hacer para que los resultantes de estos eventos tengan una integración útil y no quede en la nada? Waldo Jacquith le da importancia al modelo de negocios o bien a alguna forma de sostenibilidad, “de otra manera será solo un juguete que no hará nada para beneficiar a nadie”.
Talvez los gobiernos que organizan concursos deban continuar su desarrollo, pensando en cómo retribuir a los participantes que van a donar la aplicación (el procomún es esencial acá), tener inversores dispuestos a apoyarlos o bien tener un asesoramiento y apoyo para que esta aplicación evolucione, etc.

Por último quiero dejar en el tintero dos temas que serán parte de la agenda en 2013. Por un lado, este año todas las comunidades de openData están de acuerdo en que hay una gran incógnita respecto a quien le resulta útil toda esta información que se está liberando desde diversas instituciones. ¿Quién tiene acceso y para qué son útiles los datos abiertos?¿Realmente estamos generando algo de innovación o es solo una moda? que sin duda genera mejoras en varios sentidos.
El segundo tema es Internet of Things. Aún en latinoamérica está muy verde, en Europa ya empiezan a ver una ofuscación con el tema de los sensores ciudadanos, pero es importante que la comunidad se desarrolle y empecemos a fomentarlo en los hackatones y concursos.
Creo que solo con aplicaciones web y mobile no alcanza, hay que integrar y mejorar la oferta de objetos para ir hacia una verdadera SmartCity. Y por eso es que creamos el grupo IoT en Buenos Aires, para comenzar a forjar una comunidad en torno a los objetos.

Fuentes:

  • http://radar.oreilly.com/2011/08/app-contests-sustainability-usability.html
  • http://radar.oreilly.com/2011/07/app-outreach-and-sustainabilit.html
  • http://techpresident.com/news/wegov/23146/app-contest-or-not-app-contest
  • http://poikola.fi/apps-contests-everywhere/
  • http://davidsasaki.name/2012/12/on-hackathons-and-solutionism/
  • Foto de portada: http://www.yobinario.net/2012/12/hoy-comienza-desarrollando-america.html

Smart-everything: SmartCityExpo a tope

La semana pasada se festejó lo que sería la convención más convocante sobre Ciudades Inteligentes, en Barcelona, que le ha puesto muchas fichas a este asunto.
En el SmartCityExpo han participado muchas ciudades del mundo. Desde Kansas, México, Córdoba, hasta Seuol, por solo nombrar algunas. En números, 7065 visitantes, 319 speakers, 82 paises, 1781 municipalidades.

La mayor expectativa sobre el evento era la presentación del CityProtocol, proyecto en el que varias ciudades vienen trabajando hace 6 meses y poco se sabía hasta ahora. Y poco se sigue sabiendo, porque ha sido la decepción del evento. El primer día nadie sabía muy bien de que se trataba, al final del evento nos había quedado claro que el proyecto es solo una intención de varias ciudades de ponerse de acuerdo en la implementación de políticas para las Smartcities, pero tampoco se sabe muy bien como funcionará esto. Y cuando digo varias ciudades Es que no son todas y llama la atención que falten algunas.

Las conferencias a las que he asistido fueron en general las que me interesaban a mi y casualmente no eran las más importantes para el evento, eso ya dejaba ver como priorizaban los contenidos. Además de la Smartcity Plaza junto con la zona de stands que era puramente comercial y un lugar donde se desangraba el concepto social de la vida en la ciudad a cambio de la idea de que la tecnología, en términos económicos y estadísticos, podría en algún futuro resolvernos la vida, el calentamiento global y la crisis.
Porque aquí en España, de lo único que se habla es de la crisis, y todos estamos preocupados, pero si gastamos muchos millones en sistemas inteligentes, vamos a ahorrar dinero. Un dinero que nunca tuvimos ni tendremos, en general es para todos por igual y esto no queda claro.
Como dijo Carlo Ratti en otra conferencia ayer, “esto se trata de ahorrar dinero, no de gastar más dinero”.

Otra cosa que se trasluce desde el evento en si, es que con la cantidad de sistemas de parking, de luces inteligentes y proyectos de recolección de basura que hay en oferta, es claro que todas las ciudades que se entusiasmen con la idea de incorporarlos a sus infraestructuras, en el futuro se encontrarán con la falta de soporte técnico, compatibilidad y entramado de los datos con los que se está trabajando.

En muchas ocasiones me he acercado a preguntar qué pasa con los datos que se genera, y la mayoría de las empresas me han respondido que “se integra perfectamente con la plataforma del ayuntamiento o donde se necesite” y claro, de APIs abiertas nadie hablaba.

“Entonces, ¿SmartCity es sobre tecnología?”, me ha preguntado Joaquin Braulio unos días después de la conferencia. Porque el gran tema es que por mas que ahorremos energía y tengamos sistemas hidráulicos de recolección de basura (lo he visto), las personas siguen consumiendo productos llenos de paquetes y papeles envoltorios, consumiendo agua embotellada y las empresas siguen pensando en RSE como forma de “hacer un bien a la sociedad”.
Está más que claro que una parte de las SmartCities tiene que ver con resiliencia y sostenibilidad como forma de ecosistemas, y no de “implantes tecnológicos”. No se resuelve ahorrando, se debe cambiar la cultura que hace 5000 años llevamos como costumbre de muchos malos hábitos.

Uno de los pocos items en que quedó como conclusión en el evento es la necesidad de reducir la huella de carbono. Bien! ¿No estamos hace años con eso? Pero parece que no han encontrado otro indicador más universal para medir el producto de esta tendencia. Y eso es un problema.
Y aquí la culpa es nuestra, donde los investigadores debemos profundizar más en indicadores y que no nos sigan vendiendo peras por manzanas. Creo que Boyd Cohen tiene un gran trabajo realizado en su SmartCity Wheel.

Movilidad + Urbanismo = Land use

El gran tema que aqueja a muchas ciudades, siendo una de ellas Buenos Aires, es lo que se conoce como Commuting, el viaje de tu casa al trabajo.
En Hong Kong por ejemplo se tarda 11 minutos, teniendo 10 millones de habitantes, pero en México DF se puede tardar hasta 4hs, en Buenos Aires 2hs con 3 millones de habitantes.
Eso no solo genera un gasto de energía grande, sino que también se considera que a partir de los 30 minutos de viaje se disminuye mucho la calidad de vida de las personas.

La clave según el estudio Gehl Architects, uno de los más avanzados en el tema urbanismo, es programar la densidad del uso del suelo -Land Use Density-. Porque según ellos “la movilidad es cuestión de comportamientos, las personas hacen lo que le conviene para llegar mejor de un punto al otro de una ciudad”.

En este sentido, Jlubljana (capital de Eslovenia) ha sido un caso de éxito en el SmartcityExpo. Talvez sorprendió porque nadie conocía la ciudad antes, pero vimos como varias políticas han sido benefactoras para el desarrollo de su ciudad y que ha sabido mezclarlo con implementación tecnológica. Proyectos como la prohibición de cualquier tipo de transporte motorizado en el centro de la ciudad con el servicio de biking, que a la vez usa una tarjeta llamada URBANA que sirve para todos los servicios incluyendo los containers de basura, etc.
Pero nuevamente vemos que este tipo de proyectos está funcionando muy bien en ciudades que son pequeñas, con solo 270.000 habitantes, tal como fué el caso de Curitiba en Latinoamérica.
Mientras que en Bogotá donde luego de 11 años, el Transmilenio, sistema de transporte BRT, sigue teniendo problemas y poca aceptación en algunos sectores de la sociedad.

Mike Lydon nos habló de las tácticas urbanas, de su importancia en el prototipado de soluciones (tal como la peatonalización de la calle Broadway en NYC) para testear nuevas soluciones y generar estos cambios en la densidad del uso del suelo. Al mismo tiempo, esto incentiva a la participación y al compromiso ciudadano. ¿Cómo hacer que la gente se enamore de tu ciudad? El ejemplo de Grand Rapids Lip Dub es muy bueno.



“Corresponsabilidad compartida” es el concepto primordial para las ciudades si queremos que estan sean inteligentes, dijo Claudio Orrego Larraín el ex-intendente de Peñalolen (chile) y me pareció interesante. Otra forma de participación entre los diferentes sectores sociales.

Respecto a la capacidad de los gobiernos de hacer frente a las nuevas tendencias y al prototipado, New Urban Mechanics de la ciudad de Boston es una respuesta interesante. Un centro desarrollado para experimentar, y desarrollar aplicaciones que den respuesta a necesidades de los ciudadanos sin ver un riesgo político alto, y al mismo tiempo disminuir el riesgo de los emprendedores ya que “cuando están mal conectados con las personas indicadas, el riesgo aumenta”. Por eso esta unidad gubernamental ayuda a conectar a la gente que tiene ideas, con las que puedan realizarlas y con quien tiene ganas de participar en una mejor ciudadanía.

Internet of Things y Open Data

La gran pregunta es ¿Qué hacer con los datos?. Por un lado hay un gran número de nuevos servicios disponibles, pero tenemos un déficit presupuestario. ¿Cómo podemos ser eficientes en el manejo de los datos?.
Por otro lado Andreas Lykke-Olesen nos dijo, “tenemos muchos datos sobre quienes van en auto, en que horas lo hacen, qué caminos toman, etc. pero no sabemos los argumentos por los cuales las personas cambiarían sus hábitos”.

El miercoles pasado, con el grupo de IoT Madrid discutimos, a raíz de SmartCityExpo, ¿cómo se puede innovar usando tecnología pero sin depender de esta?. Es decir, ¿cómo cambiar los comportamientos de las personas y como actuar sobre la masa urbana de forma efectiva?.
Mi postura fué que si realmente queremos cambiar el comportamiento de las personas, debemos trabajar sobre los valores de las mismas. Y para modificar los valores y sus hábitos, se trata de que experimenten esos cambios. Por eso es importante la cultura del prototipado, pero al mismo tiempo tener en cuenta que las personas no cambian su parecer por tener más datos que nos digan que es lógico cambiar, sino que realmente “experienciarlo” y para eso hay que acudir a la creatividad y no a la tecnología. Aún hoy seguimos metaforizando procesos analógicos sobre los digitales, y dudo que como humanidad podamos salir de este paradigma.
Entonces, ¿vale la pena gastar millones en super sistemas o podemos innovar correctamente y hacer que las personas modifiquen su actuar para hacer ciudades más resilientes? Por ejemplo, disminuir la cantidad de basura, cambiar habitos de movilidad, etc.

Otro tema de importancia, son los nuevos objetos que se conectan (IoT o M2M) ¿Cómo hacer para conectarlos a todos? Aún no tenemos un protocolo que permita conectar diferentes dispositivos unos con otros. Talvez IPv6 será lo que permita que todos los objetos tengan una conexión única, pero no parece muy eficiente. Ni hablar del cableado, sino miren este ejempo de SmartHome.
Carlo Ratti, de SenseableCity Lab del MIT, nos dice “Todo será un sensor” y donde debemos hacer foto es cómo estos sensores conectarán con las personas. Él habló de IoToP (Internet of Things of People) y Rob Mcintosh nos contó de Metacity Interface, dos formas de repensar los ámbitos públicos, privados y personales. Hay demasiadas capas funcionando al mismo nivel, y hay que pensar cómo la tecnología reforma los espacios.
Cisco, por su lado, presenta Internet of Everything, como un ecosistema donde todo se conecta a través de una conexión distribuida, alegando que la centralización y el Cloud computing ya no son una opción.



El tercer problema de IoT es el real-time sensing. Muchos objetos pueden generar datos y almacenarlos, pero el gran reto es la respuesta inmediata, y por eso no podemos depender de conexiones a internet o a otros dispositivos. Por suerte con los nuevos dispositivos de Nanode o Raspberry pi, hay nuevas opciones para prototipar estos objetos. Este es otro argumento por el cual el Cloud computing no sería la respuesta.

Finalmente Alexandra Deschamps-Sonsino, de IoT London, quien a proposito tiene un hermoso proyecto de IoT Good Night Lamp, reflexionó acerca de lo inteligente (smartness). Y nos dijo que lo inteligente tiene que ver con el contexto, pues no todo es inteligente en todos los sentidos. Entonces ¿por qué no pensar en una inteligencia temporal?


En mi opinión, hay que comenzar a darle potencia a nuevos proyectos de IoT y trabajar en nuevos protocolos para que estos puedan unirse unos con otros. Así como funcionan redes como COSM, plataformas openSource donde se puedan recolectar y usar datos entre todos los ciudadanos. Grandes proyectos actuales son el Air Quality Egg o Smart Citizen.
Porque así como las computadoras llegaron a las casas, IoT será el nuevo paradigma para todos. Y si aún no lo parece, en 1984 el New York Times decía que las computadoras personales iban a ser un fracaso…

Ciudad como plataforma

Ya lo hemos escuchado varias veces, pero el concepto sigue siendo la clave. Y tiene que ver con abrir las puertas a un nuevo concepto de ciudad, donde el poder ya no está centralizado.
“Hemos podido comprobar que el reto no esta en las tecnologias, sino en los aspectos organizativos, de gestion y culturales”, dijeron en el cierre del evento. Y es que están todos preocupados porque por primera vez se piensa que para lograr una SmartCity hay que colaborar entre los 3 sectores.
Y el gran problema es, ¿quién representa a la comunidad? ¿Quién representa a las ciudades?, lo cierto es que “los barrios cambian, nos gusta o no” y hay que estar a la altura.

mind the gap

Esteve Almirall nos dejó una reflexión interesante. Hasta ahora, todos los concursos de participación y de aplicaciones desde los gobiernos premian la mejor propuesta, dan recompensas por ello y motivan a través de la competencia, como si fuera que las personas no queremos mejorar nuestra propia ciudad. Esta idea debe cambiar y el valor de la participación en la construcción de las ciudades debe ser toda nuestra motivación. Pero esto va a suceder solo cuando los gobiernos sean realmente abiertos. Mientras tanto, el proyecto Adopt a Hydrant es un buen ejemplo realizado desde el New Urban Mechanics de Boston donde cada ciudadano se hace cargo del problema, que es de todos.

Business vs. Urbanism Smartcities

Volviendo al tema de fondo, ¿cómo vamos a alimentar energéticamente todos estos sistemas? Creo que estamos lejos de una respuesta para eso, las energías renovables son parte de la respuesta, pero la descentralización total es inminente y ahí es cuando los gobiernos centrales van a perder el poder y donde los sistemas super inteligentes manejados desde un panel, no tienen tanto sentido.
Aquí es donde yo creo que la idea de trabajo en redes interconectadas, donde se pierden los límites, donde se descentraliza el poder a causa de que todos necesitamos del otro para alimentar y subsistir se deja ver como un resultado obvio. Todos colaboraremos aportando datos de nuestros propios sensores, todos brindaremos energía a los sistemas eléctricos desde nuestros paneles solares, todos decidiremos qué futuro queremos en nuestra ciudades y estaremos obligados a ellos, con lo cual los ciudadanos inteligentes (smart citizens) tienen que despertar.
La energía nuclear, modelos de control como los de IBM, son modelos antiguos de centralización de energía e información que tienen su días contados.

Creo esencial trabajar en un City Protocol serio, en donde se asegure la libertad de los datos y su privacidad protegida. Pero ahora estamos en crisis donde se quiere controlar internet y el auge de la video-vigilancia hace ruido por todos lados, pero es solo latigasos del sistema que se ahoga en sus propios medios. iCity Project o CitySDK son algunas aproximaciones que parecen más interesantes en un primer momento.
El viernes pasado, realizamos con el grúpo IoT Barcelona un WalkShop. Una caminata ideada por Adam Greenfield para hablar sobre temas de seguridad y open data mientras se recorren las ciudades.
Hemos visto varios proyectos de “smartcity” que se intentaron implementar en la ciudad como prototipos, edificios inteligentes, sistemas de identificación entre otros no han sido más que un fiasco que por falta de presupuesto o fallas en su implementación, la mitad de ellos no están funcionales o presentan muchas fallas estructurales.
Entonces, ¿como podemos estar tan seguros de algo que cuesta demasiado dinero, sobretodo en tiempos de crisis; tiene un gran costo político y, por sobre todo, un costo social en donde el concepto de espacio público, bienes públicos y bienes comunes se ve afectado por estas nuevas capas tecnológicas?


Lo curioso de todo esto, es que Adam ya había adelantado mucho de este tipo de problemas y es evidente que todos estos gurúes de las SmartCities olvidaron leer Everyware: The Dawning Age of Ubiquitous Computing y ya pasaron 6 años de su publicación.
Es el momento de los consultores y especialistas nos reunamos y empecemos a trabajar enserio, porque parece que en otros ámbitos hay mucha intención pero están lejos de lograr algo que funcione. El tiempo es tirano.
Pablo Sanchez Chillón ha tenido una primer iniciativa abriendo un grupo de LinkedIn para discutir estos asuntos, pero todas las reuniones de comunidades en las ciudades son buenas para comenzar a trabajar. Es por eso que fomentamos realizar IoT Meetups o CityCamps para interconectar las experiencias y visiones.

Notas

Algunas soluciones que china quiere comenzar a trabajar, y que me parecen bastante más inteligentes.
Algo más sobre IoT como cambio social.
Nota sobre el evento New Cities Summit, que me parece que tiene mucho material relacionado. Y que me hace pensar que deberíamos buscar nuevas opiniones o bien, aceptar que estamos estancados.

Otras notas de amigos respecto al SmartCityExpo

Smart Citizens in the Data Metropolis, por Mara Balestrini.
It’s About the People, Stupid, por Boyd Cohen.
Le citta’, la City Protocol Society e la corsa al Far West, por Claudio Forghieri.
3 Problems With ‘City Protocol Society’, por Boyd Cohen.
Smart Open Cities? Thoughts from the Smart City Expo, por Julia Lopez Ventura.

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Desafíos para la industria (algunos gráficos que capturé)