Back to The future: Definiendo los posibles futuros

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Hace unos días se cumplió la fecha en la que, según la película, Marty McFly llegaba del pasado. Vi muchos post sobre los inventos que realmente existen en este año y los que no, los que son similares o los que no tienen nada que ver. Incluso algunas marcas aprovecharon su branding oportuno y sacaron su propia versión “como en la película.

Incluso Daniel Balmaceda, reconocido historiador porteño, nos trae a cuentas las viejas futurologías de Buenos Aires. Aquí hicieron algo similar sobre Londres.
Siempre es bueno recordar qué era lo que se creía en un momento, para conocer la visión de la propia ciudad.

No tiene que ver con lo que realmente pasó o no, sino con habilitar el imaginario colectivo a nuevas posibilidades. El componente cultural de la ficción, nos permite adaptarnos a las tecnologías, a generar el sentido de utilidad o al menos existencia.

La utopía es algo sano. Aunque algunos crean que es cosa de soñadores, o gente de izquierdas, tanto las utopías y las distopías nos permiten crear ideas, no sobre lo que existirá o no, sino en lo que nos convertiremos.

La disciplina conocida como Design Fiction, devenida de las prácticas de Human-Computer Interaction y Design Ethnography, busca experimentar con esos futuros posibles y desarrollar nuevos productos en base a esos cambios culturales. Near Future Laboratories es un estudio que explica muy bien de que se trata esta disciplina, como ellos lo definen “In Design Fiction we make implications without making predictions.”

Muchas veces la ciencia ficción aparece como algo valorado negativamente en la sociedad. Está visto como algo infantil, imaginativo o naive. Pero al “acercarnos a la modernidad”, con nuevas oportunidades para nuestras vidas, como los self-driving cars o computadoras que respondan nuestros pedidos, como Siri, es bueno preveer a donde nos estamos dirigiendo, y cuales serán nuestros desafíos.

A propósito, las compañías tecnológicas están sobrepasando sus procesos de innovación, llevando cada vez más rápido los resultados directo a los usuarios. Así cualquiera puede instalar de forma oficial una beta de iOS en su iPhone, a pesar de tener problemas de compatibilidad, o bien probar el autopilot de Tesla, por más que sea un peligro para nuestra persona.

Hoy en día, la ficción es más realidad que la propia ficción. Una mirada crítica y las metodologías de experimentación, deben estar aún más afinadas.
Por suerte, con el regreso de StarWars y BackToTheFuture a los medios sociales, se está reivindicando un poco más la mirada futurista. Aunque algunos se lo toman por vintage…

En definitiva, no se trata de subirse a moda o a un revival, sino de reflexionar de cómo podemos aprender de nuestra propio futuro.
Para nostálgicos, les dejo una yapa 😉

Data-driven obsession

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Mucho vengo leyendo sobre la aparición de objetos/dispositivos que nos “ayudan” a controlar cual o tal indicador.
Hasta hace unos años, controlarse la presión, el peso y la visión cada tantos meses era suficiente. Hoy en día, además controlamos nuestro plan de datos móviles, la energía que consumen nuestros electrodomésticos o el agua que consumimos.

Como expone Alexis Madrigal, esto nos puede llevar a una decepción. No solo personal, porque el mínimo cambio en los datos probablemente no se vea reflejado en un cambio real. Tampoco en el mundo, ya que realmente no sabemos qué consecuencias tiene este nuevo comportamiento de “medir” todo y tomar decisiones a partir de ello.

Y ni hablar si las máquinas comienzan a tomar decisiones por nosotros. Alexis pone de ejemplo al mundo de la publicidad. Pero sucede en las listas de Spotify o algunos servicios de cartografía, donde lo sugerido se aleja bastante a lo deseado. Incluso Apple se dio cuenta de ello, proponiendo listas musicales curadas por gente de verdad. Tesla, por su parte, está utilizando Machine Learning a partir de las decisiones de sus usuarios para hacer el cambio de carril, etc.

Es que yo me pregunto si esta obsesión por hacer todo mas “inteligente”, no nos vuelve más paranoicos. Por ejemplo, este espejo que te muestra el futuro yo… en que universo paralelo esto va a ser realidad?

De todas maneras, parece que las startups están obsesionadas con la gordura de la gente, hasta que haciendo un análisis del tipo de productos que se lanzan, podemos ver las preocupaciones de la población.
Volviendo a Apple, el uso de los tres circulos en la app Actividad, son más efectivos, manteniendo el aviso de levantarse y el objetivo de caminar 30 minutos, es una forma de mantener el rito de vida sin volverse una obsesión.

Aún no se si alguien hizo algún tipo de estudio sobre la frustración al no mantener los niveles que las aplicaciones nos sugieren. Debo admitir que en los últimos meses, mi ritmo de vida fué muy intestable y cada semana mi Apple Watch me sugiere bajar el objetivo de calorías quemadas. Y en algún rincón de mi cabeza siente cierta culpa por ello.

Sabemos que las sociedades más exigentes están aumentando la tasa de suicidios. Y en particular, no creo que estos pequeños dispositivos que nos dice que mal nos va, no son más la evolución de las revistas de moda que mostraban personas delgadas, llevando frustración a la sociedad en vez de un beneficio real.

Como última instancia de esta obsesión, tenemos este servicio que dice ser el Yelp de las personas. En fin, el mundo está obsesionado con los datos. Y yo creo que está siendo un peso más grande llevar encima la culpa y la responsabilidad de tantos cambios irrelevantes, que nos olvidamos los valores de la banalidad y la empatía, que son fundamentales para una sociedad.

Bueno, y hablando de aparatitos que nos está llevando al extremo, no se que pasará cuando se pierdan algunas contraseñas por ahí y cualquiera pueda entrar a tu casa

Nuevos rumbos

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Me aguanté mucho tiempo de escribir sobre mi futuro. Pero recién hoy tuve la confirmación. Fue un gran proceso de preparación, de trabajo, tanto en lo interno como en el hacer.
Recibí mucho apoyo, de gente que me cree capaz y gente que me quiere. Y eso, hace tiempo no lo sentía. Talvez porque soy introvertido y no me gusta contar algunas cosas por adelantado.
A veces cuando uno se esfuerza mucho pierde la visión y se siente ofuscado. Pero yo estaba muy convencido y la búsqueda dio resultados.

En febrero cursé mis últimos seminarios de la Maestría, e inmediatamente me puse a preparar el examen de ingles IELTS. Lo sufrí bastante, los idiomas me gustan pero la gramática me cuesta horrores.
Por esos meses empecé a buscar becas y puestos para aplicar. Apliqué a dos becas de doctorado y a tres posiciones, en diferentes países.
Mudarse no es facil, y aplicar tampoco. Entre la falta de correlatividad, el idioma y la dependencia de la videoconferencia, hace que todo sea muy poco controlable. Y por lo tanto las oportunidades bajen. Escribí muchas cartas y propuestas de investigación. Aprendí mucho, pero me sorprendí de mi mismo cuando vi la versatilidad que tenía. Al mismo tiempo me daba mucha inseguridad no ser Urbanista, Ingeniero, etc.

Los diseñadores a veces somos menospreciados. Y el contexto de aplicación es poco claro. Pero a medida que iban pasando las instancias iba entendiendo cual era mi lugar.

Un día me confirmaron que había sido pre-seleccionado para ir a exponer mi propuesta. Una propuesta de investigación que tenía poco claro. Era para estudiar tres años, algo que había pensado en pocos días.
Seguí estudiando. Gracias a Mara y Manu, me sugirieron textos que me ayudaron mucho a orientarme.

En el medio, nos unimos civilmente con Lu, porque si queríamos irnos los cuatro (con Batman y Newton, claro) teníamos que dar un pasito más. En tres días hicimos el trámite, firmamos, hicimos una pequeña reunión a la noche. Tenía que seguir con mi presentación, no había tiempo para grandes festejos.

Hace dos semanas, estaba a cinco días de viajar, y tenía una presentación descontrolada, no tenía punto. Era un rejunte de teorías, autores, ejemplos e ideas todas desordenadas. Rápidamente tuve que aprender cómo se exponía una propuesta de PhD. Busqué videos y textos.
Aburridos, no me gustaba nada. La gente académica pareciera que se olvida que la estética es parte de la filosofía.

Ahí fué cuando entendí todo. Había algo que podía unirlo todo, generar una presentación coherente, atractiva, con la que me sienta cómodo, con un tema que realmente me apasiona y con un objetivo concreto.

Diseño, era la palabra. El diseño permite contar historias, pero historias que tienen un objetivo concreto. También permite describir, comprender, expresar, transmitir deseos y pensamientos en un solo movimiento.

Así que fui a Lisboa, rodeado de personas de todo el mundo (literalmente, había gente de Colombia, Ecuador, India, Pakistan, Kazajistán, España, Ucrania, Rusia, Irán, y otros que no me acuerdo) que se habían especializado en Ciencias de la Computación, que hablaban de aplicaciones móviles, BigData y SmartCities. Fue una experiencia realmente interesante.

Y yo tenía una presentación, que en su primer slide decía “DATA IS BORING”. Pero que servía para romper el hielo, para decir “pienso diferente” (Hola Steve).

Hoy aterricé en Buenos Aires y recibí la grata noticia de que me habían aceptado. Que en casi 80 días tengo que estar en mi próxima casa, en la costa mediterránea, que durante los próximos 3 años será el eje de mi vida.
Evidentemente, el diseño tiene mucho que aportar a otras disciplinas. Mi investigación va a ser justamente desarrollar al diseño como metodología para la investigación.

Si todo sale bien, como viene siendo hasta ahora (de una forma muy misteriosa, por cierto), saldré en mis 32 años con un título de doctor debajo del brazo, y un acento valenciano.

Aún tengo mucho mucho que hacer. Pero la emoción es grande y eso ayuda a tener buena energía.

Gracias a Boyd Cohen, Pilar Conesa, Guillermo Tella y Cristina Cravino, que me ayudaron con las aplicaciones. Y gracias a Mara Balestrini y Manu Fernandez por sus comentarios y aportes. Gracias a Carlos Granell, por el apoyo y por creer en mi. Gracias a Martín Villar por el apoyo y bancarme los días que no estuve en el caos laboral. Y Gracias a Lu, por todo el apoyo.

Intercambiando experiencias

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Centro Cívico GCBA Foster

Hace mucho que no escribo y rara vez hablé sobre lo que hago en mi trabajo con el GCBA. Esta semana es especial.
El lunes comenzamos en las nuevas oficinas, ya saben, en el edificio que diseñó Foster. Pasamos de sentirnos en una municipalidad a trabajar en Google… bueno, tanto no. Pero uno se emociona cuando es todo nuevo y moderno.

Por otro lado, hoy terminamos la tercer reunión de trabajo sobre Movilidad Sustentable. En estas reuniones juntamos a equipos técnicos de ciudades a charlar y debatir sobre sus áreas de trabajo.
Movilidad es una de las áreas con las que más estamos trabajando.
Cuando empezamos con el Programa, yo arranqué a mover este tema, empecé a hablar con Rosario y Mar del Plata, y en pocos días acordamos una primer reunión. Viajamos a Mar del Plata y visitamos el trabajo que había hecho la gente de la municipalidad con el estudio Gehl Architects.

Si bien hay otros temas que abordamos en los encuentros que hacemos, las de movilidad tienen un halo especial. Estas reuniones son mi niño mimado. Cada vez encuentro cosas súper interesantes para aprender.
Hoy, por ejemplo, fuimos a La Plata a conocer el trabajo de tránsito y estacionamiento medido. Lo sorprendente es que la tarea depende de un área de modernización, y por ello, es que la colaboración con el centro de monitoreo de seguridad está integrada. Además, implementaron tempranamente el pago de estacionamiento medido por SMS.
Ejemplos son miles, pero es evidente que no hay una forma de hacer las cosas, y que la multidisciplinaridad en las políticas públicas determinan mucho las decisiones y el rumbo en que las cosas se están implementando.

Y algo que me parece destacable y he observado detenidamente, los programas y la idiosincracia de las personas que lo llevan a cabo tienen mucho que ver. Sin caer en una mirada neo-institucionalista, creo que estos encuentros dejan ver que detrás de los cambios hay personas que hacen su trabajo. Profesionales que están convencido que lo que hacen es importante.

Eso me trajo un poco de entusiasmo, algo que últimamente el mundo gubernamental no me estaba dejando.

Hay gente que cree en lo que hace, y es capaz de saltarse todas las barreras políticas, para cruzar un país tan grande como el nuestro para contar todo lo que le salió mal, y para preguntar cómo hizo el otro para resolver algún problema. Esa humildad la he visto en equipos de trabajo todo este año, de casi todas las provincias del país, de las grandes ciudades y de las localidades más chicas.
Son los que, en definitiva, trabajan para el pueblo. Y sobreviven a las gestiones.

Así que hoy, me voy a dormir con algo de tranquilidad, en que nuestro trabajo, de unir fuerzas, está sirviendo para que estas personas entren en contacto y potencien su dedicación. Al mismo tiempo, todos han expresado gratitud al formar estos encuentros. No es lo mismo que un seminario, donde todos hacen un show sobre su trabajo. Acá hablamos todos de igual a igual y mostramos los conflictos que nos encontramos y cómo los resolvemos. Es algo único, y necesario, porque a pesar de la responsabilidad, uno se encuentra bastante solo en el día a día…

Si quieren, pueden ver los informes que hicimos de las primeras reuniones.

¿Por qué existen las smartcities?

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Estuve leyendo las notas de Manu Fernandez sobre su tesis de doctorad, al repasar tantas citas y artículos interesantes, me saltó la pregunta. ¿Por qué todos intentamos entender qué es lo que ofrece una SmartCity? ¿Qué es lo que esperamos? ¿Por qué nadie analiza, más allá de los discursos corporativos, qué es lo que le da cabida a este concepto? ¿Y por qué lo seguimos sosteniendo?

Es que de repente lo entendí. Recordé la última charla que fuí a ver de Bruno Latour llamada “Si nunca fuimos modernos ¿qué nos pasó?” (pueden verla aquí).
Latour argumenta que la modernidad, tiene detrás de su discurso, una capacidad de escindir entre creencia y pragmatismo. Él dice que las religiones, al no poder resolver sus conflictos, los pone en suspensión, derivando sus características a la política.

Así es que vemos que los políticos, para nuestra modernidad, son aquellos que están más cerca de lo divino, con capacidad de hacer cualquier cosa, o por lo menos prometer cualquier cosa.

A su vez, en la calidad utópica de la modernidad, siempre estamos mirando hacia afuera, hay alguien que nos juzga si somos modernos o no. Sin tener ningún sentido, la carrera del progreso, nos lleva a buscar siempre un nivel más arriba, sin dar cuenta del costo que eso nos hace pagar.

En definitiva, esa descripción de la modernidad, es exactamente lo que la Smartcity representa. La modernidad es un concepto vacío, nadie sabe exactamente qué es, ni qué condiciones cumple, se transforma todo el tiempo. Es por eso, que la carrera es infinita, y es justificación para todo.

Discutimos entre los que estamos en el tema, tratando de definir un concepto de SmartCity, nos convencemos de que el ciudadano es lo más importante, y lo repetimos hasta el hartazgo. Porque no tenemos otra cosa sobra la que discutir.

Si queremos entender de por qué una SmartCity es una moda, hay que entenderlo como un hecho de la modernidad. Pero que además, cumple la utopía más cercana al “cielo” del progreso. Es lo más cercano a lo que llegamos de aquellas ideas de la Exposición Universal de Nueva York, o la ciudad futurística de Epcot Center que ideó Walt Disney.

Estamos tan cerca, que hay defensores de la Inteligencia Artificial, buscando las soluciones más alocadas, y justificándolas como si fuesen una realidad.

No, no es una realidad. Si bien es técnicamente posible que nos reemplacen robots de todo tipo, no quiere decir que sea humanamente posible. Y eso nos va a llevar a un conflicto.

Cuando la modernidad llegue muy cerca de la utopía que busca, vamos a estar en problemas. No por una razón pragmática, sino porque sencillamente el caos va a inundar las ideas de los hombres.
Por cierto, Latour argumenta que la única salida de esta modernidad, es el pragmatismo absoluto. Discusión que no me interesa abordar.

La pregunta es, ¿Podemos hacer algo para evitar seguir con esta modernidad a ciegas?

Creatividad y productividad

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Ruta
Hace tiempo que no escribo sobre cuestiones personales, pero necesito descargarme y me parece que puede resultarles interesante.

Ayer vi dos películas que me dejaron pensando. Por un lado, la nueva película en la que actúa Ricardo Darín, Delirium. Y por otro, una un poco más antigua, llamada Casino Jack, interpretada por Kevin Spacey (House of Cards).

La primera resultó una película independiente, con un estilo muy Argentino y un guión particular. La historia cuenta la vida de 3 jóvenes que buscan una alternativa laboral. Para ello deciden hacer una película, sin saber cómo hacer una película. Y les sale bastante mal.
En el caso de la película de Spacey, también sale todo bastante mal, pero en este caso se trata de un lobbista del congreso de Estados Unidos, que ambiciona con armar su propio imperio.

El mensaje que envían estas películas, es que la creatividad y la ambición te pueden llevar a la ruina. Sobre todo si engañas a un Estado o matás a una persona. Lo curioso es que a mi me disparó lo contrario.
Será que estoy llegando a mis 30 y me comienzo a plantear qué será de mi en mi siguiente década. A qué me quiero dedicar y cómo voy a afrontar mis próximos obstáculos.

Lo curioso de nuestra realidad social capitalista, y burguesa, es que cuanto mejor nos va, más nos enredamos en cuestiones con las que no queremos lidiar. Más responsabilidades, más de qué preocuparnos, más presión (social, moral, impositiva, estética), y sobre todo, más ambición para seguir con todo esto.

Y lo que yo me estoy preguntando, es cómo hacer más con menos preocupaciones.
En mis últimos 10 años aprendí a ser más productivo gracias al desarrollo de ciertas habilidades sociales. La parte creativa e intelectual se me da naturalmente. Pero el mundo del trabajo de hoy en día le pide a uno ser más estructurado, más productivo y a decir lo que los otros quieren escuchar (y no lo que realmente pensas).

La primer paradoja se da cuando las personas con las que trabajo les encanta que sea estructurado, cuando es algo que cada día tolero menos. La segunda, es que a pesar de que soy mucho más productivo, siento que cada vez hago más cosas que no sirven para nada y hago menos de las que realmente se marca un cambio.

Todo este esfuerzo innecesario se refleja en la pérdida de tiempo personal, pérdida de lucidez y en la disminución de mis posibilidades de hacer mi propio camino.

Soy un defensor de la serendípia, confío más en mi intuición que en mi memoria, porque de hecho me ha traicionado mucho menos cada vez que lo necesité. Y ahora me siento encerrado en este entramado de situaciones en las que uno promete cosas que sabe que no tienen sentido y hace otras, solo pensando en un futuro mejor y en mayor aceptación social. Al mismo tiempo pienso, que estoy llegando a la edad en que si no pego un volantazo, en mi próxima década me voy a cuestionar todo lo que hice. El problema es que no se si irme para la banquina, voltear en 180º o tomar el riesgo de esquivar con mucha presición los próximos obstáculos.

El mundo está bastante loco hoy en día. Eso abre muchas oportunidades, y lo bueno es que tengo habilidades para afrontarlas. Pasé por el mundo de la publicidad, de la producción, de la tecnología, me estoy metiendo mucho en el universo académico, y experimentando la gestión gubernamental y la idiosincrasia política.
No es suficiente. Las películas me dejaron una enseñanza. La creatividad es muy buena, la ambición no. Decido seguir mi instinto, pero siendo honesto conmigo mismo, buscando vivir una vida tranquila y logrando lo mejor para todos.

Cabe aclarar que ser estructurado y productivo no es contrario a ser creativo. Hay que intentar obtener lo mejor sin perder el foco. Andrés Schuschny diferencia dualidad de polaridad, siendo lo segundo una forma de ver complementariamente y la primera como contrarios.

A aquel que decida ser ambicioso, hay que dejarlo pasar. Tarde o temprano aprenderán que decidieron dejar muchas cosas atrás. Para algunos la carrera será más corta que para otros. Pero el secreto es disfrutar el paisaje, la sensación de estar haciendo algo y el esfuerzo personal. Metas, siempre habrá mayores y no llegaremos nunca al final, es un espejismo en el desierto mental y abstracto del hombre.

Les dejo una charla inspiradora de Marcelo Salas (Café Martinez), a quien conocí en un evento, y que me pareció una historia inspiradora.

Y por último, una charla de David Criado, sobre “cómo ser extraordinario”.

¿Qué se comparte en la Economía colaborativa?

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No quiero parecer un negativo ante todo. Ya sabrán que mi posición crítica no está orientada a ser anti-sistema, sino a comprender los procesos y los discursos poco visibles. En palabras de Giorgio Agamben, me gusta hacer una Arqueología de las tendencias actuales, buscar aquellas signaturas, por las cuales las cosas revelan sus cualidades invisibles.

No es la primera vez que me toca hablar de la economía colaborativa. Un largo artículo de Uber saqué hace un mes.
Las cosas se están poniendo complejas y los gobiernos (aquellas instituciones más conservadoras en muchos sentidos, pero que también son innovadoras cuando les conviene) están tomando decisiones drásticas para uno y otro lado.

Lo que cuesta develar, entonces, es el sentido hacia el que se dirige esta moda de la colaboración. ¿Qué cambios están transformando positivamente a la sociedad?¿Quién se beneficia mientras tanto?¿Qué rol están jugando los Gobiernos?

Como todo campo, la lucha de poder es feroz, pero en un ámbito donde el conocimiento y la información que se maneja es escaso, es aún peor.
Digo conocimiento e información por dos razones, y hago hincapié en esto porque supuestamente estamos en la “era del conocimiento y la información” y las TICs son el futuro (por lo menos vienen siendo hace 15 años y no sabemos donde vamos a terminar).
Por un lado, solo un bajo porcentaje de la población sabe qué es “economía colaborativa”, “emprendimiento”, “procomún”, etc, etc. Esto hace que el cambio, en principio, sea para algunos. Además, pareciera que esta nueva moda desvaloriza lo que estaba antes. Es decir, aquellas prácticas fundadas en la colaboración y el intercambio, y que estaban organizadas en torno a otros valores, con o sin internet de por medio.
El segundo lugar crítico, es la información en sí. Retomando a Agamben, el dispositivo-máquina de la economía colaborativa es compartir a costa de esconder otras cosas.
Ni Uber, ni Airbnb, ni los gobiernos, ni las universidades dejaron de lucrar (ya sea económica o políticamente) con ello. Y por ende, la ganancia está en compartir un objeto (generar nuevas mercantilizaciones), por ejemplo la casa o el auto, y no compartir la forma en que ese modelo se crea, o funciona.

Si un gobierno que fomenta la economía colaborativa, no es consciente de la disruptividad social que generan estos modelos, y por lo tanto, segregación, está reproduciendo el modelo capitalista, al mismo tiempo que fomenta el consumismo en nuevas formas. Porque, convengamos, no difiere mucho del modelo original.

¿Cuál es la alternativa? Entre todas las aplicaciones y plataformas que hemos adquirido con las nuevas generaciones tecnológicas, la que veo que está cayendo en desuso es la wiki.
Algunos ya ni recordarán, que las wikis no son solo Wikipedia, sino una plataforma abierta de colaboración mutua y la mejor forma (a mi parecer) de compartir conocimiento.
La gran dificultad de las wikis, es el formato, que tal vez no es el mejor para personas que no están acostumbradas a manejar diferentes interfaces (si se ponen a pensar, las personas comunes solo manipulan interfaces digitales en sus computadoras, smartphones y algún kiosco en la vía pública). Pero más allá de eso, las wikis habían comenzado a usarse para compartir información y disponer del conocimiento en muchos ámbitos. De una forma abierta y comunitaria, todos podían acceder a todo.

Ahora que están de moda los FabLabs y MakerSpaces, que están orientados al “hacer” han dejado de lado el componente del conocimiento que tenían los Medialabs y se dedicaron a la masificación del “hacer”. El Fetiche producido por esos modelos cerrados, olvidaron la importancia de documentar y compartir libremente sus resultados.

Las universidades y los centros de investigación, siguen valiéndose del paradigma científico de los papers y las publicaciones elitistas. Muy pocas investigaciones son difundidas libremente, y estructuran su valor en el mercado científico.

Los gobiernos, lejos de transparentar su metodología, mercantilizan su gestión a costa de la falta de información. El paradigma de Gobierno Abierto se agota en el momento en que no haya más datos que compartir, cuando lo realmente valioso son los procesos de construcción de sentido, en las decisiones que se toman para una ciudad.
Retomando a Agamben, él dice que “la profanación de lo improfanable es la tarea política de la generación que viene”, es decir, devolver a las personas el valor de uso de las cosas. Los datos, hoy en día, son el objeto de mercantilización de la gestión. Saca de discusión la lucha política para que los ciudadanos “compren” de forma deliberada una mejor gestión, sacralizando la información, alejándola del objeto real.

En definitiva, la profanación de la que habla Agamben, no es un proceso del que estemos cerca. Él habla del capitalismo como una religión, en el que se separan las cosas de los hombres, para convertir lo separado en mercancía. El consumo, desde su visión, es la imposibilidad del uso.

Los defensores de la naturaleza, no así los ecologistas que forman parte del mismo paradigma capitalista, tienen razón en que hay que volver a conectarse con lo natural. Pero lo natural en la relación del ser humano con las cosas en si. La abusada frase “vivir el presente” es, en algún sentido señal de esta reconexión entre las cosas y los seres vivientes.
Una verdadera economía colaborativa, sería la que rompe los caminos existentes y abre nuevos al paso del hombre. Estos caminos no están marcados, como las reglas que rigen nuestras sociedades, sino que existen en la potencia-de-ser, en cualquier momento, en cualquier persona.

Ciudades que colaboran

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La idea de economía colaborativa y la cooperación entre organizaciones ya es un tema instalado, la sociedad aprovecha de sus relaciones para intercambiar bienes y conocimiento valiendose del beneficio de internet y las redes sociales.
En el ámbito gubernamental, las estructuras jurisdiccionales siguen siendo las más importantes para definir su “economia”. En Argentina, los Gobiernos Locales dependen de las provincias y el gobierno nacional para generar instancias de cooperación, de intercambio de conocimiento, o para resolver problemas conjuntamente. Un ejemplo de esto, es la COFEMA, una instancia muy poco utilizada para que las jurisdicciones del pais se pongan de acuerdo en cuidar el Medio Ambiente.
Por otro lado, existen Redes de ciudades a las que muchos municipios adhieren, pero en general son temáticas y manejan una agenda única que dificilmente su función se ve reflejada en trabajos específicos, de forma colaborativa. Se trata entonces, de un ámbito de relaciones públicas y de compromisos a largo plazo.

Por esta razón, desde un espacio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, decidimos tomar iniciativa y desarrollar el primer Banco de Prácticas Innovadoras. El mismo reune las prácticas que la ciudad de Buenos Aires tiene para contar al mundo. Su experiencia, errores y aprendizajes en su implementación, son parte de los conocimientos técnicos de los cuales otras ciudades les pueden nutrirse a la hora de desarrollar sus propias políticas públicas.
Este Banco, está enmarcado en el Programa de Cooperación e Intercambio de Politicas Públicas Innovadoras, que refuerza esta intención mediante la organización de capacitaciones, jornadas de trabajo y seminarios a realizarse en conjunto con otras ciudades del País. La ciudad busca relacionarse directamente, intercambiar y aprender de las experiencias de cada una. Un nuevo paradigma para la gobernabilidad.

Las Politicas Publicas suelen incorporar herramientas, instrumentos y decisiones que en su articulación e implementación brindan experiencias únicas, muy dificil de transmitir en la mayoría de los casos. Hablando de las más innovadoras y exitosas, entendemos que las condiciones para su gestación son consecuencia de una alineanción de varios factores necesarios, y compartiendo las experiencias ayudará a transmitirlo.

Finalmente, estamos construyendo un espacio que nos gustaría que todas las ciudades lo tengan, así como muchas tienen su agencias de cooperación internacional, cooperar con el resto de las ciudades del país es muy importante.

Si ya vivimos la participación ciudadana y la apertura de datos como formas de abrir las ciudades hacia la ciudadanía, existe una apertura hacia sus pares. Es decir, otros funcionarios, técnicos y profesionales especializados en temas urbanos. Desde la arquitectura, la agronomía hasta el sector de las emergencias urbanas.

Saskia Sassen definió a las ciudades globales, como aquellas que lideran las redes de ciudades y compiten por un lugar destacado en la globalización, en un mundo de redes avanzada. Las ciudades colaborativas ofrecen un lugar a cada una de las ciudades, gigantes, grandes, medianas o pequeñas, según sus necesidades y conocimientos específicos, una idea más cercana a la que podría ser definida por Bourdieu.
Una nueva política, no de discursos ni tecnocrática, sino innovadora, que busca cambiar la vida de las personas con hechos reales. Donde la gestión no se mide por la cantidad de obras sino por el cambio de comportamiento en las personas.

Este nuevo programa que comenzamos en septiembre del año pasado con Martín, viene en línea con lo que venimos trabajando en Chiripa y Gobernanza Local, para mejorar las ciudades latinoamericana. Y agradecemos al Ministerio de Gobierno de la ciudad que nos está dando la oportunidad de llevarlo adelante!

Los invito a conocer el programa, participar de las actividades y escribirnos, en su sitio y seguir a la cuenta oficial de la Subsecretaría de Asuntos Federales (@ssafed).